Crisis industrial en Galicia: Celsa Atlantic triplicó pérdidas antes del golpe del Covid

Celsa Atlantic, la sociedad dueña de la fábrica siderúrgica de A Laracha, cerró el ejercicio anterior a la irrupción de la pandemia con pérdidas cercanas a los 30 millones

Crisis industrial en Galicia: Celsa Atlantic triplicó pérdidas antes del golpe del Covid

La crisis que atraviesa la gran industria gallega es profunda y no se circunscribe únicamente a la zona de A Mariña lucense, con Alcoa como gran exponente, o a Ferrolterra, con la térmica de As Pontes, la falta de contratos de Navantia o el ERE extintivo de Siemens Gamesa. En A Laracha, Celsa Atlantic, una de las filiales del gigantesco grupo de la familia Rubiralta, tiene uno de sus polos productivos con una planta siderúrgica promovida en su día por Manuel Añón y el difunto Epifanio Campo. En los últimos años, las cuentas de la sociedad se han visto lastradas en buena medida, según siempre han denunciado, por el alto coste de la electricidad. La situación del grupo siderúrgico en su conjunto es comprometida: acuciada por la deuda y por el impacto de la pandemia, Celsa solicitó el pasado diciembre a la SEPI, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales dueña de Navantia, un rescate de 350 millones. Pero, ¿cuál es la situación de la planta de A Laracha?

La sociedad Celsa Atlantic no aporta datos individualizados de cada una de las fábricas que la componen, pero su actividad se centra principalmente en la gestión de dos activos, las plantas que posee en grupo en Vitoria y en A Laracha. Dos son sus actividades básicas: producción y comercialización de tubos de acero, así como de productos trefilados y laminados. Las últimas cuentas presentadas ante el Registro Mercantil revelan que ya el año antes de la irrupción de la pandemia, la sociedad triplicó números rojos.

Caída de ingresos de un 11%

El resultado neto del ejercicio arrojó unas pérdidas de 29,2 millones de euros, frente a los 8,6 millones en negativo del año 2018. El resultado de explotación, el propio de la actividad de la compañía, pasó de un negativo de 10,8 millones a 23,1 millones en rojo en 2019.

También cayeron los ingresos de la sociedad dueña de la planta de A Laracha: de 295 a 261 millones de euros. Los administradores de Celsa Atlantic destacan en el informe de gestión que acompaña a su balance anual que la caída de facturación, de un 11%, se debe a la “desaceleración de la economía europea y española”, algo que “impacta negativamente en la evolución de los precios del sector del acero”.

La caída de ingresos se produjo en el mercado español, donde pasó de facturar 229,5 millones a 184,6 millones. En todo caso, para entender los números de Celsa Atlantic hay que tener en cuenta que la sociedad mantiene saldos y realiza transacciones significativas contras partes vinculadas dentro del grupo, algo que destacan los propios auditores de la firma, EY.

El impacto del Covid

En su informe de gestión, Celsa Atlantic también da cuenta del golpe que, a cierre del ejercicio a estudio, supuso la irrupción del coronavirus. Destacan en este punto que Barna Steel, la sociedad de cabecera de la familia Rubiralta, ha sufrido un impacto considerable debido a las consecuencias económicas que ha traído aparejadas el coronavirus. “Con motivo de dicha crisis, a partir del segundo trimestre de 2020 varias de las magnitudes financieras del grupo se han visto imprevisible y severamente afectadas”, apunta. De hecho, expone que el resultado bruto de explotación consolidado del segundo trimestre de 2020 “sintetiza dichos impactos, al contraerse, con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior, en un 70%”.

Apuntan los administradores de la compañía que, en este contexto y para mantener la normalidad de sus operaciones comerciales, el grupo ha negociado “con los distintos agentes y grupos de interés con los que interactúa (proveedores estratégicos, organismos públicos, personal y entidades financieras) medidas de flexibilización de variada índole encaminadas a reforzar su situación de liquidez”. Entre esas mismas medidas, en su memoria destaca, por ejemplo, la obtención, en julio del año pasado, “de una línea de financiación extraordinaria avalada por el ICO de 50 millones”.

“Gracias a estas medidas y a la recuperación de la actividad económica prevista, el grupo confía plenamente en superar el paréntesis del ejercicio 2020 y en continuar en el futuro cumpliendo con todos sus compromisos financieros”, expone.

Negociación y rescate millonario del grupo

La compañía mantiene desde hace meses una ardua negociación con sus acreedores por el cumplimiento de los compromisos de pago. El pasado año, un juzgado de Madrid dictó una resolución eximiendo al grupo de cumplir, de forma momentánea, con pagos financieros debido a la situación de fuerza mayor impuesta por el Covid. La decisión judicial afectaba a obligaciones financieras vinculadas a un préstamo convertible de unos 1.500 millones de euros que la multinacional formalizó en 2017. El pasado enero, no obstante, según adelantó El Confidencial, la justicia madrileña habría admitido un recurso impulsado por fondos acreedores y habría levantado las medidas cautelares dictadas en mayo que retrasaban parte de los pagos, lo que, en cualquier caso, obliga a las partes a continuar negociando.

Sobre los 350 millones solicitados al fondo de rescate articulado por el Gobierno y gestionado por la SEPI para empresas estratégicas con el fin de sobreponerse al golpe del Covid, el camino de la obtención no es tan sencillo. La administración debe definir cuestiones como la estructura del préstamo solicitado, además de negociar el plan de viabilidad de la compañía demandante, requisito imprescindible para tramitar la ayuda.