El macroproyecto mexicano de Inveravante: dos años de parón entre guerra política

Tras poner en revisión grandes proyectos intermodales, entre ellos un intercambiador adjudicado a Inveravante, el Gobierno de Ciudad de México quiere dar marcha atrás a los centros comerciales previstos en ellos

El macroproyecto mexicano de Inveravante: dos años de parón entre guerra política

En 2014, la prensa mexicana se hizo eco de que Inveravante, el grupo inmobiliario levantado por el empresario Manuel Jove y hoy en manos de sus hijos Manuel Ángel y Felipa, había logrado un contrato para la construcción de un Centro de Transferencia Modal (Cetram) en Chapultepec, en Ciudad de México. Un intercambiador de transportes cuyo proyecto estaba valorado en unos 240 millones de euros y que fue adjudicado al grupo Desarrollo Urbanístico Chapultepec, en el que además de la compañía coruñesa, BBVA Bancomer figuraba como socio minoritario. El proyecto inicialmente anunciado no solo se limitaba al intercambiador de transporte, en el que confluían tren, metro y autobús, sino que también preveía la construcción de un hotel, una torre de oficinas y una amplia zona comercial, además de zonas públicas y espacios verdes.

No obstante, la suerte de este proyecto, así como de otros seis más de similares características en la mayor urbe de habla hispana del mundo, dio un vuelco con el cambio de Gobierno. En diciembre de 2018 Claudia Sheinbaum, política con una trayectoría ligada a Andrés Manuel López Obrador, el actual presidente del Gobierno azteca, asumió el cargo de jefa de Gobierno de Ciudad de México. Al poco, optó por dejar en la nevera los proyectos de transformación intermodal impulsados por el anterior Ejecutivo del PRD. Desde entonces han estado parados y en proceso de revisión. Esta semana, la prensa azteca recogía unas declaraciones de la dirigente que parecen ratificar que, de momento, así seguirán.

Adiós a los centros comerciales

Hace aproximadamente un año que medios aztecas indicaban que la intención del Ejecutivo de Ciudad de México era la de someter los proyectos modales a consultas vecinales, con los correspondientes cambios que pudiesen derivar de estos procesos.

Esta misma semana, la prensa local recogía el anuncio por parte de las autoridades del decreto de disolución de la empresa pública Participación Estatal Mayoritaria de la Ciudad de México (Procdmx), que había sido creada por la anterior administración local con el objetivo, precisamente, de generar zonas de desarrollo en distintos puntos de la inmensa urbe y a través de la que se habían promovido los proyectos intermodales ahora en revisión. La jefa de Gobierno habría explicado que, entre las razones para tomar esa decisión, se encontraba el hecho de que, a su juicio, se “había perdido” el objetivo inicial de la empresa, que era el de realizar intervenciones sociales, para, en su lugar, «generar desarrollos inmobiliarios con fines comerciales».

Así, según El Economista, también indicó que la eliminación de esta sociedad implicaría que se suspendiesen los proyectos para construir centros comerciales en cada uno de los centros de transferencia modales de la urbe. “En todos los Cetram se iban a hacer grandes centros comerciales. Fue como una exigencia que les puso el anterior Gobierno”, indicó.

Los intereses aztecas

Con estas cartas sobre la mesa, el macroproyecto intermodal de Inveravante en México podría acabar dando un vuelco considerable con respecto a como fue diseñado en un inicio. No solo podría perder los espacios comerciales, sino que durante el año pasado el Gobierno de Sheinbaum también puso en duda los «desarrollos inmobiliarios a gran escala» aprobados en los intercambiadores por el anterior Gobierno (el proyecto inicial adjudicado a Inveravante comprende la construcción de un edificio de oficinas de 40 plantas). Desde la corporación empresarial no se hacen declaraciones al respecto de un proyecto que, en todo caso, aunque con las obras paralizadas, sigue vigente.

Inveravante tiene en marcha otros proyectos en México que, al menos de momento, no se han visto modificados por vaivenes políticos. En San Felipe, zona bañada por el Golfo de California, cocina desde años el macrocomplejo de lujo Marinazul Golf & Resort. En distintas ocasiones, las autoridades locales lo han considerado «prioritario» para la reactivación económica de la zona.