La herencia de Inespal: así son las plantas que no se quedó Alcoa (y sí son rentables)

En manos de Alibérico del gallego Clemente González Soler y de Aludium, del fondo Atlas, compañías del sector del aluminio que en su día fueron públicas se mantienen en funcionamiento al margen de las turbulencias de Alcoa

Trabajadores de Alcoa en Lugo durante las protestas realizadas en 2020. Foto: EFE/Eliseo Trigo

Trabajadores de Alcoa en Lugo durante las protestas realizadas en 2020. Foto: EFE/Eliseo Trigo

España ya no produce aluminio primario. Es así desde la pasada semana, cuando Alcoa acometió la parada de las cubas de electrolisis de la factoría de San Cibrao. Previsiblemente las paralizará durante un periodo de dos años. Pasado ese tiempo espera que la factura eléctrica se haya reducido, de forma que la factoría, de la que dependen más de medio millar de trabajadores solo de forma directa, vuelva a ser rentable. Curiosa paradoja, el cierre de A Mariña se produce cuando el precio del aluminio marca máximos de más de una década. Los analistas prevén que seguirá escalando en los próximos meses. Es la pescadilla que se muerde la cola. Los precios eléctricos han obligado a distintas fundiciones de toda Europa a acometer paradas y reducir su producción, algo que, a la vez, contribuye a que el precio del metal siga al alza.

La hibernación de San Cibrao hizo que muchas voces recordasenn estos días que hace 25 años que trascendió la noticia de la privatización de la compañía pública Inespal. Aunque la operación no se cerraría hasta un año después, en febrero de 1997, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) firmaba la carta de intenciones definitiva con Alcoa. Un gigante de Pittsburgh se quedaría con un conglomerado industrial ligado al aluminio que sumaba la fábrica de Lugo; las de A Coruña y Avilés; las de productos laminados de Alicante, Amorebieta (Vizcaya) y Sabiñánigo (Huesca); las de extruidos en Irurtzun (Navarra), Noblejas (Toledo) y Valls (Tarragona), además de otras dos en Barcelona de embalaje flexible y tapones para botellas.

Las plantas que no se quedó Alcoa

La herencia de Inespal, nacida en 1985 como resultado de la fusión de las empresas Aluminio de Galicia (Alugasa) y la Empresa Nacional de Aluminio (Endasa), se fue apagando con el paso de los años y las distintas desinversiones acometidas por Alcoa. No obstante, continúan operativas y con facturaciones millonarias varias plantas que, pasado el tiempo, acabaron en manos de los grupos Alibérico y Aludium. El primero está capitaneado por el empresario gallego Clemente González Soler. El segundo tiene detrás al fondo americano Atlas,que en 2021 mostró su interés por hacerse con la planta de aluminio primario de San Cibrao.

Recuerdan las crónicas de la época que antes de que la SEPI vendiese Inespal a Alcoa, los movimientos privatizadores ya habían comenzado. Entre los años 1993 y 1994 vendió a Alcan la factoría de Palco, en Alcalá de Henares, una histórica planta de envases semirrígidos de aluminio, conocida por la fabricación de los del flan Dhul. Rebautizada como Alcan Ibérica, la compañía acabaría en manos del grupo Alibérico en el año 2001, que le devolvió el nombre de Palco Envases de Aluminio. La prensa de la época calculó la operación en unos 630 millones de pesetas. Hoy en día es la base de operaciones de Alibérico Food Packaging, que se presenta como “el mayor fabricante español y uno de los más importantes a nivel europeo de envases y embalajes”. Más del 60% de su producción se destina al mercado extranjero, a unos 25 países repartidos en todo el mundo.

Otras de las filiales de Inespal se excluyeron de la privatización a Alcoa, como fue el caso de Conversión Aluminio SA, con sede en Linares. Recuerdan fuentes empresariales de la época consultadas por este medio que, en este caso, el Estado aseguraba que era más rentable cerrar la planta que venderla. De nuevo Alibérico entró en escena. También en el año 2001, el grupo del empresario de origen compostelano adquirió la factoría. Celebraría el centenario de la misma una década después, en 2011. Adquirida por unos 120 millones de pesetas, se tranformó en Alucoat, otra de las puntas de lanza del grupo, “líder europeo en el lacado de aluminio”.

Las desinversiones de los americanos

González Soler, al que hace años apodaron el rey del aluminio, también se hizo con otro activo de Inespal. Uno, en este caso, que el Gobierno vendió a Alcoa: la también centenaria planta de hoja de aluminio de Sabiñánigo, en Huesca, ahora bajo el nombre de Iberfoil. Los americanos la traspasaron al fondo alemán Bavaria tras ponerla a la venta hace más de una década. Posteriormente, en 2014, acabaría en manos de Alibérico, que ahora proyecta en ella un proyecto de economía circular con una inversión aparejada de más de 40 millones de euros.

Un año después de aquella operación nacía Aludium, grupo que cuelga del gigante Atlas Holding y que, en 2015 se hizo con las factorías de Alcoa en Alicante y Amorebieta. Golpeadas por el impacto del Covid, ambas plantas, bajo el paraguas de Aludium Transformación de Productos SL vieron cómo su cifra de negocio se reducía de los 515 a los 400,7 millones de euros el año 2020, último del que hay cuentas públicas. A pesar de estar en números rojos, las pérdidas se encogieron, de los 19,3 a los 11,8 millones de euros. Un hecho que los administradores de la compañía calificaron como “un éxito” en la memoria que acompaña su balance financiero.

La incógnita de Alu Ibérica

Así se dibuja la foto actual de la herencia de Inespal más allá de Alcoa. Al margen del proceso de parada y rearranque de San Cibrao, la principal incógnita es qué ocurrirá con las antiguas plantas de la compañía en A Coruña y Avilés, envueltas en una investigación de la Audiencia Nacional por presunta descapitalización fraudulenta por parte de sus actuales propietarios, el Grupo Industrial Riesgo.

Según el Ministerio de Industria, dos empresas habrían mostrado interés por la factoría de A Coruña, gestionada ahora por un administrador concursal. Distintas fuentes consultadas por este medio indican que los planes de venta que se barajan para favorecer una salida industrial a la planta apuntan a la posibilidad de que se pase a la producción de aluminio secundario, a partir de la chatarra.

Habrá que ver, si finalmente, las factorías de A Coruña y Avilés, también herederas de la antigua Inespal, logran enderezar el rumbo. Al y fin y al cabo, de las antiguas plantas que, en su día, estuvieron bajo el paraguas de la Industria Española del Aluminio hay quien lo ha conseguido.