Pirañas de Bidé

De tanto usar el término cloaca, y siendo finos, atendiendo además a sus particularidades eroticofestivas, más bien los casos actuales son propios de bidé que de sumidero, dadas sus connotaciones carnales y rijosas; el bidé de la corrupción se encuentra colapsado de pequeñas pirañas, adaptadas al medio, de ahí la idoneidad de la expresión

Leire Díez

Leire Díez. Archivo. Europa Press

Hay adminículos y herramientas que ahora ya resultan prácticamente imprescindibles, fruto de la evolución sofisticada de las costumbres. Tal es el caso de la ducha, los cubiertos, el teléfono trasmutado en celular o… el bidé.

Por su forma arriñonada, su utilidad más inmediata, para quienes no tenían la tradición de su uso, era la del lavado de pies, como muy de higiene católica. Pues no, el aparato sanitario que suelen acompañar al inodoro se diseñó específicamente para el enjuague de las zonas íntimas, los denominados como baños de asiento, tanto las masculinas como las femininas o para cualquiera de las diferencias actuales asignadas en función de las preferencias sexuales. Difícil ya de encontrar en las nuevas construcciones, el lavado de cuerpo entero acabó resultando vencedor en la higiene de partes pudendas. O, recurriendo al pragmatismo de otras épocas, una mera palangana también hace su uso.

Homenaje a La Trinca

En el amplio historial de grupos dedicados al humor en los pasados años ochenta, destacaron, entre otras trilogías tales como los iniciales Martes y 13, Tricicle o La Trinca. Esta última, con la alegría y el desparpajo que los caracterizaba, dedicaron una canción al bidé, inventándose una historia que, aún no siendo exacta, encajaba en la intencionalidad irónica y dicharachera que caracterizaba a sus ingeniosas melodías. Según la letra de “El Barón de Bidet”, los divertidos Mainat, Cruz y Pasqual atribuían el invento del instrumento porcelánico a un aristócrata francés “conocido por sus inventos”. La ideación del adminículo orientado, nunca mejor dicho, tenía como función “lavar las partes bajas con agua tibia y con amor”. Sobre todo, con amor, con mucho amor, dado que el chorrito “es un milagro que te deja el cuerpo hermoso”. Vamos, que el surtidor, dirigido a los lugares adecuados, permitía que “después de usar el bidé te queda fresca la cabeza”. Agua y jabón con ligera fuerza para la higiene y la limpieza. A día de hoy, hasta el nombre del grupo, La Trinca, viene muy al pelo… húmedo.

De tanto usar el término cloaca, y siendo finos, atendiendo además a sus particularidades eroticofestivas, más bien los casos actuales son propios de bidé que de sumidero, dadas sus connotaciones carnales y rijosas. En fin, que el bidé de la corrupción se encuentra colapsado de pequeñas pirañas, adaptadas al medio, de ahí la idoneidad de la expresión.

La estrategia pirañenta

Alguien, con rígido criterio y realismo absoluto, podría considerar que, en un bidé, caben, como mucho, dos pirañas o dos y media. La piraña, habitualmente de una dimensión no mayor de unos 25 centímetros, es un voraz pez carnívoro caracterizado por unos afilados dientes, agresividad incontenible y un insaciable apetito por la carne. Es lo que en ecología se denomina como “frenesí alimentario”, esto es el estado de agitación en el que entran los depredadores cuando hay una gran cantidad de presas disponibles. Si a su gula voraz le añadimos la constricción propia de un bidé, encontraremos que su frenesí alimentario acabe siendo su propia perdición. Vamos, vaya, que no habrá pan suficiente para tanto chorizo.

Hasta para robar bien, hay que saber robar

Dicen los entendidos en el “arte” de la apropiación de lo ajeno que siempre es mejor que te robe un profesional que no cualquier aficionado. Este último es posible que, por inexperiencia, se ponga nervioso y acabe produciendo mayor daño que el resultante del robo. En fin, que para todo hay que ser profesional, y, a poder ser avezado en lo suyo. Si seguimos la lógica expuesta por Gabriel Rufián, cuando expresa que para cloacas bien organizadas mejor las de la derecha, y sabiendo que la izquierda no sabe robar, y mucho menos administrar lo robado, podemos deducir que, una vez que las pirañas, en su evolutiva naturalidad, no teniendo ya partes blandas que arrancan, procedan a despedazarse entre ellas; tal y como ello acontece entre las propias pirañas cuando estas ofician de canibalismo grupal. Es lo que tiene la voracidad incontrolada.

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Referente pionero de la economía circular local

El Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente; la mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya

El Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente. La mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya

Como coordinador de esta iniciativa, me complace presentar la cuarta edición del Atlas Urbano de la Sostenibilidad en Galicia. Desde su inicio en 2023, nuestro compromiso ha sido informar del estado de nuestras ciudades a través de las evidencias estadísticas. Pero lo que aquí se pone a disposición no es solo un informe más; es un ejercicio de vanguardia metodológica, que sitúa a las urbes gallegas en un mapa de análisis donde muy pocas ciudades europeas lo han logrado.

A menudo, la sostenibilidad se debate en foros nacionales o regionales, pero se olvida que la economía circular se logra o no en la calle: en el contenedor que el ciudadano tiene a cien metros de su casa o en la eficiencia de la red de agua que nos suministra. Sin embargo, existe una barrera que se repite: la falta de datos municipales homologables. Mientras que la Unión Europea dispone de métricas precisas para los estados, el vacío informativo a escala local en España es la nota dominante.

Por eso, este Atlas es pionero. Hemos decidido no esperar a que las estadísticas oficiales bajen al nivel del ayuntamiento y hemos construido nosotros mismos los indicadores necesarios para medir la realidad urbana en Galicia a este respecto.

El esfuerzo metodológico de esta edición ha sido, por tanto, la nota predominante. Y, a pesar de las dificultades, hemos logrado alinearnos con el Marco de Seguimiento de la Economía Circular de la Comisión Europea. A través de un sistema de 45 indicadores únicos y el uso de aproximaciones funcionales (proxies), este Atlas ofrece un informe técnicamente robusto de esos estándares europeos.

Para aproximarnos a la presión que ejercemos sobre los recursos, hemos analizado el consumo de agua, la generación de residuos y la relación de cada ciudad con su espacio natural y sus infraestructuras básicas. Para medir la circularidad, hemos reunido tasas de reciclaje, porcentajes de impropios (los residuos en contenedores equivocados), el tejido empresarial verde o el uso modal del transporte. El resultado es una radiografía comparativa que permite analizar a nuestras ciudades según su comportamiento circular, hablando el mismo lenguaje conceptual que Bruselas.

En Galicia, la tasa de circularidad apenas alcanza el 15 %, lo que significa que solo aprovechamos esa pequeña parte de los recursos que utilizamos, situándonos todavía muy lejos del 65 % que la Unión Europea marca como objetivo para 2035. El informe también revela que en las urbes gallegas se respira mejor de lo que se descansa, con una calidad del aire superior a la acústica; y, además, nos recuerda una asignatura pendiente: seguimos gastando agua muy por encima de la media europea.

Pero este Atlas también demuestra que las brechas que nos separan de Europa no son un lastre geográfico, sino una agenda de trabajo pendiente. La mayoría de los retos detectados dependen de decisiones de política pública municipal que pueden activarse ya: desde la mejora en la transparencia informativa hasta la implantación definitiva de la recogida de biorresiduos o el pago por generación de los mismos. 

Este último punto, conocido internacionalmente como ‘pay-as-you-throw’, supondrá, sin duda, un reto de aceptación social. Sin embargo, esa cultura de la responsabilidad es imprescindible: necesitamos que la tasa de basura deje de ser un recibo plano y se convierta en un incentivo directo para quien mejor recicla.

En resumen, espero que este documento sirva como hoja de ruta para hacer más sostenibles nuestras ciudades. Pero lograr una economía circular hay que conseguirlo entre todos, desde las autoridades competentes a la ciudadanía.

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