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Prevalecen los propósitos frente al ruido
A pesar de que algunos movimientos políticos ultra tratan de influir en la agenda verde, para rebajar o diluir las exigencias de sostenibilidad ambiental y social, el Atlas confirma que los propósitos empresariales alineados con los criterios ESG están integrados en la nueva cultura de gestión corporativa que prioriza el impacto a largo plazo antes que los resultados a corto plazo
En la anterior edición del Atlas Gallego de la Empresa Comprometida alertábamos del riesgo de que la nueva dinámica política, liderada por la Presidencia de los Estados Unidos, nos impidiese ver el bosque de la sostenibilidad, el buen gobierno y el compromiso con el entorno. Era una advertencia razonable, porque los discursos negacionistas comenzaban a penetrar en las élites políticas, incluso en aquellos gestores públicos que antes habían sido proclives a la gestión empresarial e institucional marcadas por la aplicación de los criterios de ESG.
Un año después, aunque las amenazas están activas y con demasiados detractores entusiastas, es preciso trazar una visión optimista de la situación y subrayar que las grandes corporaciones han optado por la gestión comprometida con su entorno, la preservación del medio ambiente y la gobernanza ética. Entre otras razones, porque contribuye a construir una buena reputación, que tiene una incidencia directa en los resultados económicos.
Es cierto que algunas decisiones en el ámbito de la Unión Europea y del Gobierno de España, tratando de impulsar la senda de la sostenibilidad, despertaron la tentación de reconsiderar todo el camino recorrido hasta el momento y los progresos alcanzados. Se trata, más bien, de una actitud reactiva a las imposiciones del regulador, un gesto de rebeldía alentado por los portavoces negacionistas.
Sin embargo, el tejido empresarial ha entendido que la apuesta por la gestión ESG no es una moda ni una tendencia que se desvanecerá más pronto que tarde sino más bien una cuestión de competitividad, legitimidad y supervivencia.
Los dirigentes empresariales saben que no se trata de implementar el ecopostureo (greenwashing) para aparentar que se mantiene una cierta conciencia social, sino de introducir cambios profundos en la gestión interna de las compañías y en las relaciones con los grupos de interés (proveedores y clientes, sobre todo) para tener una contribución social positiva, ya sea en la gestión ética, en la lucha contra el cambio climático o el compromiso con el entorno.
La presente edición del Atlas confirma que las empresas gallegas han integrado estos principios en su cultura corporativa. Cada vez son más las entidades que han incorporado la figura de responsable de sostenibilidad en su comité de dirección, como un área de gestión vinculada con los riesgos corporativos y la influencia directa en sus finanzas.
La comparación con ediciones anteriores indica que las corporaciones han sido capaces de superar el nivel de exigencia del Atlas, que se ha incrementado en cada edición en la medida que avanzaba la normativa vigente con más requisitos. No solo introducen políticas alineadas con los criterios ESG sino que buscan obtener certificaciones independientes que avalen las buenas prácticas. Es una garantía ante el regulador, pero también un pacto de confianza con sus grupos de interés y, en definitiva, con el conjunto de la sociedad.
A pesar de que algunos movimientos políticos ultra tratan de influir en la agenda verde, para rebajar o diluir las exigencias de sostenibilidad ambiental y social, el Atlas confirma que los propósitos empresariales alineados con los criterios ESG están integrados en la nueva cultura de gestión corporativa que prioriza el impacto a largo plazo antes que los resultados a corto plazo.
No se trata solo de obtener buenos resultados, ya que la sociedad exige conocer también cómo se alcanza ese beneficio y qué impacto tiene en el entorno. En un contexto económico cada vez más complejo e interdependiente, no es posible ignorar esta transformación social, porque la confianza se ha convertido en un activo estratégico, y ésta se construye con responsabilidad, compromiso y transparencia.
Los resultados de las seis ediciones del Atlas certifican que las empresas comprometidas y con buenos propósitos obtienen unos resultados alentadores. De las 80 empresas que participan en la presente edición, el 30% de ellas estuvieron también en las cinco anteriores. La comparación de su volumen de negocios conjunto con el registrado en 2019 apunta un crecimiento del 41,5%, mientras que las plantillas son un 3,2% inferiores, lo que ratifica un incremento notable de su competitividad.
Por tanto, a pesar del ruido, vaivenes ideológicos coyunturales o detractores reacios a los cambios, la cultura de la gestión empresarial comprometida con el entorno, el medio ambiente y la honestidad, se consolida con fuerza. Se encuentra en un proceso dialéctico, con contradicciones que se superan poco a poco por la vía de los hechos y que permite avanzar hacia una economía más responsable social y ambientalmente. Y las empresas gallegas ya están en ese camino, como refleja el Atlas.