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Puigdemont y Junqueras valoran convocar el referéndum, pero el vértigo será grande y entre la prohibición y las elecciones transcurrirán 54 días decisivos

Barcelona, 26 de marzo de 2017 (05:00 CET)

Se acerca el momento, y el vértigo aparece. Serán 54 días de enorme agitación, en los que el soberanismo se jugará el todo por el todo. Pero antes hay que cumplir el guión, el que se había prometido a la ciudadanía, aunque se sepa que es imposible de cumplir.

El presidente catalán, Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras han trazado una estrategia conjunta, que pasa, de forma inexorable, por la convocatoria de un referéndum. La decisión está tomada, y sólo se espera atar todos los cabos sueltos y calibrar el mejor instante, o justo antes del verano o después de la Diada del 11 de septiembre.

Pero la idea es clara: convocar elecciones al Parlament, y buscar una gran agitación entre la firma de disolución de la cámara y la fecha de los comicios. Un lapso de 54 días que serán decisivos, y en los que el movimiento independentista, aunque canalizado a través de diversas fuerzas políticas, buscará una mayoría absoluta que fuerce al Gobierno central a negociar, y que podría pasar, previamente, por una declaración de independencia.

Ese escenario estaba claro desde hace meses. Pero el convencimiento se ha ido instalando después de la previsión de los pasos que daría el Gobierno central. Y es que el Ejecutivo de Mariano Rajoy no ha querido esperar ni un segundo para instar a la Fiscalía a abrir diligencias ante los primeros pasos que se han dado para el referéndum.

Si se consigue una mayoría absoluta, el paso siguiente puede ser una declaración de independencia

El presidente del Gobierno no quiere que le pase lo mismo que con el 9N en 2014, y quiere disponer de todos los resortes legales a su alcance. Ahora no se trata de lograr una solución al problema catalán, según fuentes del PP, sino de cumplir la legalidad. Se quiere buscar una aproximación, y prueba de ello será la visita de Rajoy este martes a Barcelona para anunciar un paquete de inversiones. Pero lo que está en juego en los próximos meses es detener un proceso que se considera una insurrección.

En la misma línea se enmarca el recurso que presentará el Gobierno contra los presupuestos de la Generalitat por incluir una partida económica para realizar el referéndum.

Todo esto se había descontado por parte del gobierno de Carles Puigdemont. Pero se insiste públicamente en convocar un referéndum, que se ha prometido, para tener cohesionado a todo el movimiento soberanista. La opción real es otra, como se ha demostrado con la licitación de material electoral, por parte del departamento de Governació, para las elecciones al Parlament.

Los partidos soberanistas, de hecho, ya han comenzado a preparar sus maquinarias electorales, principalmente el Pdecat, que necesita activarse lo antes posible para paliar, en lo que pueda, un fuerte descenso electoral. En el caso de Esquerra Republicana, la máxima es la “contención”, con el deseo de no cometer errores, de buscar esa convocatoria del referéndum y esperar la reacción del Gobierno.

Puigdemont y Junqueras saben que no pueden forzar ni a los Mossos ni a los funcionarios

El problema que atenaza al Gobierno de Puigdemont y Junqueras es que no se quiere forzar a nadie. Y existen dos colectivos que estarán en el centro de todo: los Mossos d’Esquadra y los funcionarios de la Generalitat. Los primeros actuarán obedeciendo a la administración de justicia, y los funcionarios que se vean directamente afectados pedirán cualquier orden por escrito para guardarse las espaldas. Las fuentes consultadas señalan un escenario, que, en realidad, es “el” escenario. Se convoca el referéndum, y pocas horas antes de realizarlo, y ante la imposibilidad de llevarlo a cabo, se decide convocar un pleno en el Parlament para que el presidente Puigdemont explique la situación y se convoquen elecciones.

A partir de ese momento, se inicia un periodo de 54 días, el plazo legal para realizar los comicios, en el que sí se buscará una gran movilización del soberanismo, con un fuerte protagonismo de las entidades cívicas, como la ANC y Òmnium Cultural para lograr una mayoría absoluta.

¿Quién explicará que no ha sido posible el referéndum?

Esquerra aspira a ganar esas elecciones. Y lo que ocurra después sólo dependerá de su fuerza en la cámara y de los acuerdos con otras fuerzas políticas a los que pueda llegar. Para el Gobierno central la mejor opción sería que el soberanismo buscara un entendimiento, y renunciara, a medio plazo, por lo menos, al referéndum de autodeterminación. Sólo con esa circunstancia se podrían buscar acuerdos.

Pero, ¿qué ocurriría con una mayoría absoluta holgada en el Parlament del independentismo?

La otra pregunta, que nadie responde en estos momentos, por parte de los dirigentes de ERC y del Pdecat, tiene relación con los que han confiado en que ese referéndum sería posible. ¿Cómo se explicará?

Lo importante, desde hace meses, es que, aunque se desea aparecer como un gobierno catalán creíble, prima la necesidad de no llegar al límite, de no forzar las cosas más allá de lo razonable. El vértigo ante el abismo aparece. Y se prefiere seguir gobernando la Generalitat, y buscar, eso sí, acuerdos políticos de calado, forzando al gobierno de Rajoy a negociar.

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