Quim Torra, Oriol Junqueras y Roger Torrent tras la comparecencia de los políticos catalanes presos en la comisión de investigación del 155 en el Parlament, el 28 de enero de 2020. Foto: EFE/AG

ERC se mueve para precipitar el final de Torra

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La "nueva normalidad" llega a la política catalana acompañada de movimientos vertiginosos para cambiar el mando de la Generalitat

Alessandro Solís

Economía Digital

Quim Torra, Oriol Junqueras y Roger Torrent tras la comparecencia de los políticos catalanes presos en la comisión de investigación del 155 en el Parlament, el 28 de enero de 2020. Foto: EFE/AG

Barcelona, 07 de mayo de 2020 (20:57 CET)

La crisis del coronavirus ha sido la coartada perfecta de Quim Torra para perpetuarse en el poder. La pandemia ha facilitado que rompiera su promesa de convocar elecciones después de aprobar los presupuestos de la Generalitat, que salieron adelante en el Parlament el pasado 24 de marzo. Una semana antes, el president ya avisaba que "ni se ha planteado" poner fecha a los comicios, con la excusa de que "nadie entendería ahora que hubiera elecciones".

Mientras los dirigentes vascos y gallegos están ansiosos por que acabe el estado de alarma para convocar elecciones (o por lograr la manera de convocarlas dentro de la excepcionalidad), Torra pretende esperar a que la sentencia en firme por desobediencia del Tribunal Supremo le desaloje del Palau de la Generalitat, según confirman fuentes soberanistas. Antes del avance de la Covid-19, se vaticinaba un pronunciamiento del alto tribunal en junio.

Junts per Catalunya y Esquerra Republicana, socios del Govern independentista, llevan meses enemistados por un sinfín de motivos, siendo la sentencia de los lazos amarillos de Torra el catalizador de la confrontación más perpleja entre las principales fuerzas soberanistas catalanas. Pero Torra se ha resistido a convocar elecciones, incluso después de haber sido inhabilitado como diputado del Parlament, toda vez que hay señales de un posible sorpasso de ERC en los próximos comicios.

Incluso el penúltimo CIS catalán da la victoria en unas eventuales elecciones catalanas a los de Oriol Junqueras, con cinco escaños más que los posconvergentes y, más importante aún, con la posiblidad de elegir entre reeditar la coalición independentista o el tripartito con PSC y los comunes. Y es que la credibilidad de Carles Puigdemont va en caída libre y, mientras esto siga así, su vicario en la Generalitat aprovechará toda ocasión para evitar las urnas.

A la espera de Marchena

Torra está, prácticamente, a la espera de que el magistrado del Supremo, Manuel Marchena, ponga la firma a su posible inhabilitación para iniciar un periodo que podría durar hasta cuatro meses antes de unos comicios en Cataluña. Entre las paredes gubernamentales ya se pone como horizonte noviembre o diciembre, como mínimo, y en caso contrario febrero o marzo, pues nadie se fía de que el president tome la iniciativa de convocar elecciones cuando relaje la crisis sanitaria.

En esa línea se ha manifestado Junqueras. "Es evidente que no podemos dejar que los tiempos políticos y electorales los marque el Tribunal Supremo, sino las fuerzas políticas que dan apoyo al gobierno", dijo el líder de ERC en una entrevista con la que se da por iniciado el pressing electoral para que Torra abandone la Generalitat. El entorno del presidente catalán respondió rápidamente: "Estamos centrados en la gestión de esta crisis sanitaria, social y económica. Esta es nuestra prioridad".

Las fuentes gubernamentales señalan que el plan de Torra es esperar a que caiga la sentencia del Supremo para que el Govern entre en funciones, previsiblemente con Pere Aragonès (ERC) al mando, mientras el Parlament evalúa potenciales candidatos. El vicepresidente no podría optar a la presidencia porque no es un diputado, y Esquerra no está por la labor de votar por un parlamentario que no esté ahora mismo dentro del Govern, por lo que las votaciones no tendrían recorrido.

Pero el candidato que no consiga una mayoría en el Parlament tendrá dos meses para revertir la situación. Si no lo logra, se convocarían elecciones, que se celebrarían poco menos de dos meses después del anuncio. Cuatro meses, como mínimo, que JxCat aprovecharía para construir un nuevo argumento electoral de la mano de un Puigdemont muy señalado en algunas esferas posconvergentes, y en los que ERC teme perder el presunto avance alcanzado entre el electorado en los últimos tiempos.

El ajedrez en Madrid

Las presiones de Junqueras a Torra esta semana, no solo para recordarle que hay unas elecciones pendientes, sino para exigirle que el calendario electoral sea consensuado con sus socios de Esquerra, ha coincidido, precisamente, con un movimiento de fichas de los republicanos en Madrid. Su "no" a la cuarta prórroga del estado de alarma (un distanciamiento del Gobierno de Pedro Sánchez al que ayudó a investir en enero) ha sido interpretado en sectores de JxCat como una decisión electoralista.

Hay quien cree que ERC se ha arrastrado hacia las posiciones pandémicas de JxCat (instalado en el "no" al estado de alarma desde hace varios plenos) para salvar el tipo ante el electorado independentista. Si el relato de Torra es que Sánchez ha recentralizado el poder y diluido el estado de las autonomías, Junqueras le ha secundado después de haber apoyado su partido las medidas desde un inicio. Eso, sin contar que dos de las consellerías más criticadas durante la crisis (Salud y Trabajo) están en manos de republicanos.

Ciudadanos, que ganó las pasadas elecciones catalanas, criticó las "prioridades" electoralistas de Esquerra al insistir en fijar un calendario electoral. Junqueras es "muy irresponsable" por pensar "en los votos y no en las personas", reprochó Lorena Roldán, que le instó a "pensar en la ciudadanía y no en los intereses partidistas". El consejero Miquel Buch (JxCat), le acusó de "ver quién gana las elecciones para poder hacer todo el plan de reconstrucción" posterior a la crisis sanitaria, y le avisó que "se ha equivocado".

La "nueva normalidad" en la política catalana, a la que el coronavirus cogió en un momento muy delicado, no da visos de que vaya a ser muy diferente en los próximos meses.

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