Las discrepancias independentistas que paralizan la política catalana

JpC y ERC acumulan desencuentros que han bloqueado la actividad política hasta reducirla este agosto a la pura parálisis

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Si en verano es habitual que la vida política se limite a mantenerse al ralentí, salvo culebrón estival sobrevenido, con la política catalana instalada ya desde hace meses en la mera inercia, camuflada apenas bajo el ruido dialéctico, y con el independentismo gobernante perdido en disputas internas sobre el camino a seguir, este agosto el ritmo ha llegado al nivel de la pura parálisis.

Así las cosas, la agenda oficial del presidente de la Generalitat, Quim Torra, y el resto del gobierno queda reducida a la mínima expresión y se limita a poco más que la asistencia de Torra a actos folklóricos como la conmemoración, este lunes, de la batalla de Talamanca, uno de los grandes hitos militares del bando austracista en la Guerra de Sucesión.

Todo debate se reduce estas jornadas caniculares a los actos conmemorativos del primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils

Más allá de regurgitar una y otra vez las posiciones ya sabidas, todo debate se reduce estas jornadas caniculares a los actos conmemorativos del primer aniversario de los atentados de Cataluña en Barcelona y Cambrils, o, mejor dicho, a la presencia del rey y el eventual boicot que pueda sufrir el 17-A.

E incluso eso ha suscitado disensiones entre el independentismo: mientras unos quieren evidenciar su rechazo a la presencia de Felipe VI, otros advierten de que no es pertinente desviar la atención del homenaje a las víctimas; mientras unos insisten en añadir un homenaje ese mismo día a los presos y/o procesados soberanistas, dos de ellos, el ex comisario mayor de los Mossos d’Esquadra Josep Lluís Trapero y el ex consejero de interior Joaquim Forn, piden no ser protagonistas.

Para todo lo demás, hay que esperar a septiembre o más allá. Estos son algunos de los asuntos pendientes que dividen al independentismo y que habrá que afrontar sin más dilación pasado el verano.

Elecciones o agotar legislatura

Es el gran quid de la cuestión. Torra podría convocar elecciones a partir del 27 de octubre, que es cuando se cumple un año de la convocatoria de las del 21-D, y esa es una opción que no ha dejado de estar nunca en la agenda de Torra, del expresidente Carles Puigdemont y de su fuerza política, Junts per Catalunya (JpC).

Torra volvió a sacudir el espantajo electoral por última vez a principios de agosto, cuando avisó de que, de no poder aprobar los presupuestos de 2019, el camino más probable serían las urnas. Pero en eso, como en tantas cosas, JpC y ERC discrepan.

Los de Oriol Junqueras abogan por ponerse a gobernar y tratar de agotar la legislatura. Y esa es, precisamente, la palanca con la que los puigdemontistas esperan hacer ceder a Esquerra en todo aquello en lo que disienten las dos formaciones: cada no de los de Junqueras a las pretensiones de JpC irá acompañado de un aviso en clave electoral.

Suspensión de Puigdemont

El Parlament, de hecho, está bloqueado desde que ERC y JpC chocaron por la forma de sustituir a Puigdemont, suspendido junto a Junqueras y otros cuatro diputados por el juez Pablo Llarena. La mayoría independentista se ha dado de margen todo septiembre para cerrar esa herida y resolver el asunto, y no ha convocado ningún pleno hasta el 2 de octubre.

La aritmética parlamentaria, además, obligaría a los socios de gobierno a hacer equilibrios incluso si deshacieran ese nudo, porque la CUP ejerce ya de pura oposición salvo si es para volver a transitar el camino de la unilateralidad. Y, en esa tesitura, mientras ERC ve con buenos ojos explorar acercamientos a Catalunya en Comú Podem e incluso el PSC, JpC no está por la labor.

Presupuestos

Lo dicho, es el primero de los desafíos que tiene pendiente el gobierno Torra en un Parlament en el que sabe que no puede contar con la CUP. De los presupuestos se habla mucho porque hay que presentar una propuesta, aunque sea para perderla, y porque el Ejecutivo catalán tendrá que buscar apoyos, pero de momento, como informa hoy mismo Economía Digital, no consta que haya todavía ningún borrador encima de ninguna mesa de negociación.

Apoyo a Sánchez.

A falta de concreciones, por ejemplo sobre el plan de gobierno que el ejecutivo de Torra se comprometió a presentar tras el verano, lo que no faltan son avisos a Pedro Sánchez, al que se le pide que precise eso de dar “una solución política” al “problema político” que el presidente admitió que existe en Cataluña para satisfacción del soberanismo.

Hasta ahora, la primera cita entre Torra y Sánchez se vendió como un éxito por el simple hecho de celebrarse, pero en la primera reunión de la bilateral Generalitat-Gobierno, mientras la Moncloa hacía un balance positivo, el consejero Ernest Maragall ya subía la tensión.

La primera piedra de toque será la senda del gasto, que los partidos que apoyaron la moción de censura ya le tumbaron a Sánchez en julio

Maragall es de ERC, lo que indica que no hay discrepancia interna en torno al uso de esa tensión. Otra cosa es el margen que se concede a Sánchez. Y aquí, como en todo, en JpC abogan más que en Esquerra por acortar plazos.

La primera piedra de toque será la senda del gasto, que los partidos que apoyaron la moción de censura, incluidos los independentistas, ya le tumbaron a Sánchez en julio a modo de aviso a navegantes, y que el presidente quiere volver a llevar al Congreso en septiembre.

Esa flexibilización es necesaria para poder elevar el techo de déficit de las autonomías y, en concreto, de la Generalitat, que ganaría así un margen de 460 millones más a la hora de confeccionar sus cuentas.

Eso corresponde a Economía, en manos de Pere Aragonès, es decir, de Esquerra. Habrá que ver si se acaba priorizando eso o la estrategia de seguir castigando al gobierno del PSOE, por inistir en negar la posibilidad de un referéndum pactado.

Integración en la Crida

Activada ya la Crida Nacional per la República, el movimiento con el que Puigdemont quiere agrupar bajo su manto al grueso del independentismo, y remozado el Pdecat al gusto del expresidente, con lo que su integración en la Crida es cosa hecha, el punto de mira de los puigdemontistas se dirige a Esquerra. 

Los de Junqueras rechazan de plano sumarse a la nueva formación, cuya convención fundacional se quiere hacer coincidir con el primer aniversario del 1-O para capitalizar el simbolismo de una fecha que evoca el mayor hito logrado gracias a la unidad independentista ahora rota.

Candidaturas a las municipales

Lo mismo que para la Crida vale para las municipales.

El puigdemontismo lanza su opa sobre ERC con el objetivo de conseguir listas conjuntas, especialmente en Barcelona, donde conseguir la alcaldía sería un triunfo clave en la estrategia independentista de Puigdemont y Torra, que ya situó una eventual victoria soberanista en esos comicios como uno de los “momentum” o ventanas de oportunidad que permitirían reactivar las opciones de culminar el procés.

Los de Junqueras se desentienden de cualquier candidatura unitaria, pero a nueve meses de esa cita con las urnas para renovar los ayuntamientos, la presión sobre ellos para que cedan a la integración no puede hacer otra cosa que subir.

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