Burgos también es para el verano: 5 chapuzones entre cascadas, ríos y una playa inesperada
Cinco escapadas en Burgos que combinan senderismo, pueblos con historia y gastronomía con un refrescante baño en cascadas, piscinas naturales, ríos y la sorprendente playa de Arija
Un baño de aguas turquesas bajo una cascada. Sí, en Burgos. Foto: Turismo de Burgos.
Cuando se piensa en Burgos, es fácil imaginar montañas, tradiciones, platos contundentes y pueblos medievales (algunos entre los más bonitos de España). Lo que muchos desconocen es que la provincia también guarda algunos de los rincones más refrescantes del verano.
Cascadas que desembocan en pozas de agua cristalina, piscinas naturales rodeadas de bosques e incluso una playa de arena a orillas del embalse del Ebro forman parte de una cara menos conocida de Burgos.
Incluso en pleno verano, cuando el calor aprieta en buena parte del país, aquí las noches siguen siendo frescas y las jornadas permiten alternar naturaleza, cultura y un chapuzón inolvidable.

Cascada del Peñón, un baño a los pies de una cascada
Entre Pedrosa de Tobalina y La Orden, el río Jerea protagoniza uno de los paisajes más llamativos de la provincia: una impresionante cascada de 110 metros de frente y unos 20 de caída conocida como la cascada del Peñón.
Aunque es más caudalosa en época de deshielo o de lluvias, incluso en verano sigue siendo un espectáculo, que además deja una zona de baño en la amplia poza que se forma a sus pies y que permite un refrescante baño siempre con el sonido del agua cayendo como fondo.

Además, el entorno dispone de zonas verdes para descansar y de un mirador desde el que contemplar la cascada desde otra perspectiva, lo que convierte el lugar en una parada perfecta para dedicarle varias horas.
Para completar una jornada perfecta, se puede comenzar con un recorrido en el Parque Natural de Montes Obarenes-San Zadornil, uno de los espacios naturales más valiosos de Castilla y León, con senderos para todos los niveles entre bosques, cañones y desfiladeros.
Después del baño, la visita continúa en Frías, uno de los pueblos que sí o sí hay que conocer en Castilla y León. Los restos de su castillo medieval, las casas colgadas y el puente fortificado se cuentan entre los atractivos de esta pequeña localidad que, con el título oficial de ciudad desde 1435 gracias al rey Juan II de Castilla y apenas 250 habitantes, presume de ser una de las ciudades más pequeñas de Europa.

Piscinas naturales de La Presa, el refugio veraniego de Espinosa de los Monteros
El río Trueba crea, a su paso por Espinosa de los Monteros, uno de los espacios de baño más agradables de la comarca de Las Merindades. Las piscinas naturales de La Presa combinan aguas limpias, sombra abundante y amplias zonas de césped donde descansar, leer o pasar el día en familia.
Para quienes prefieren comenzar la jornada con algo de actividad, la subida al Picón Blanco supone uno de los grandes retos ciclistas de la provincia. Sus 15 kilómetros de ascensión, conocidos por haber formado parte de varias etapas de la Vuelta a España, dejan a la vista unas panorámicas privilegiadas del norte burgalés.

De vuelta, merece la pena pasear por Espinosa de los Monteros. Sus casas blasonadas, las calles del casco histórico y la arquitectura tradicional ayudan a entender la importancia histórica de una de las villas más representativas de la comarca.
Su entorno, además, a pocos kilómetros de la vecina Cantabria, a la que se accede por tres espectaculares puertos de montaña: La Sía, Lunada y Estacas de Trueba, conforma un hermoso paisaje de bosques, brezales, pastos siempre verdes salpicados de cabañas pasiegas y cumbres rocosas.

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El Soto de Villarcayo, un chapuzón en el río Nela
No todas las zonas de baño necesitan grandes cascadas para resultar atractivas. En Villarcayo, en el centro de la comarca de Las Merindades, el parque de El Soto demuestra que, a veces, basta una buena sombra, un río limpio y una extensa pradera para disfrutar de un día de verano.
A orillas del Nela, este espacio es uno de los lugares favoritos de los vecinos para alternar el baño con el descanso, especialmente en familia, gracias a su fácil acceso y a la tranquilidad del entorno.

Recomendamos, antes o después del chapuzón, parar a conocer alguna de las rutas que parten desde la localidad, como la ruta de los Miradores del Nela, de unos 14 km, poca dificultad e impresionantes vistas, o el recorrido PRC-BU 227, conocido como Los Llanos de Castilla, de unos 15 km.
Arija, un día de playa… sin salir de Burgos
Pocas imágenes sorprenden tanto en la provincia como la de la playa de Arija. A orillas del embalse del Ebro, una amplia franja de arena fina permite disfrutar de una auténtica jornada de playa, con zonas de baño de aguas limpias, espacio para tomar el sol y un paisaje de montañas que sustituye al horizonte marino.

Es cierto que no hay olas, pero se pueden igualmente practicar deportes acuáticos como el paddle surf o el kayak, por lo que es una buena opción tanto para quienes buscan tranquilidad como para quienes prefieren una escapada más activa.
Antes de marcharse, merece la pena dedicar un tiempo a conocer Arija y sus dos barrios: el de Arriba o Antiguo y el de Abajo, o Barrio de Virga, y recordar el pasado industrial de la localidad, estrechamente ligado a la histórica fábrica de cristal, mientras se disfruta de las vistas sobre el embalse.

En los alrededores se puede pasear también por el Monte Hijedo, una de las masas forestales caducifolias más extensas y mejor conservadas del país.
Piélago de Covarrubias, un chapuzón junto al Arlanza
A pocos minutos del casco histórico de Covarrubias, otro ‘must’ de visita obligada en la provincia de Burgos, el río Arlanza ofrece un lugar perfecto para combatir el calor. El Piélago combina zonas de baño, praderas y sombra suficiente para pasar la jornada sin prisas, en un entorno muy frecuentado durante los meses de verano.

Antes de llegar al agua, una buena opción es recorrer el sendero que conduce hasta la ermita de Redonda. Son poco más de tres kilómetros, con escaso desnivel y junto al río durante buena parte del recorrido, por lo que resulta apto para casi cualquier caminante.
Y después del agua, hay que exprimir el paseo por Covarrubias, una de las villas medievales mejor conservadas de Castilla y León. Sus calles porticadas, las casas de entramado de madera, la colegiata de San Cosme y San Damián y la oferta gastronómica local convierten el final del día en un motivo más para quedarse unas horas extra antes de regresar.
