Qué ver, hacer y comer en Montilla, la nueva ‘capital del vino’ de España

Ciudad Española del Vino en 2027, Montilla brilla con sus bodegas centenarias, los lagares de la Sierra de Montilla y una gastronomía inseparable de la cultura del vino

Una escapadas entre vinos, paisaje e historia en Montilla. Foto: Bodega Alvear.

Montilla tiene motivos para brindar. Esta localidad de la campiña cordobesa acaba de ser elegida Ciudad Española del Vino 2027 por la Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), un reconocimiento que la coloca virtualmente como la ‘capital del vino‘ el próximo año y que ya han ostentado ciudades como Cambados y Requena. Y, de paso, nos ofrece una nueva razón para visitar una zona donde la tradición vitivinícola y los paisajes de viñedos y olivares conviven con un interesante legado histórico y una cocina con profundas raíces andaluzas.

En el territorio de la Denominación de Origen Montilla-Moriles, el vino es mucho más que un producto en Montilla: forma parte del paisaje, de la arquitectura de sus bodegas y lagares y de las costumbres locales. La reina indiscutible es la la uva Pedro Ximénez, protagonista de algunos de los vinos generosos más singulares de España.

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Pero la escapada no empieza ni termina en una copa: Montilla conserva huellas de su pasado señorial y está vinculada a personajes como Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, San Juan de Ávila y el escritor Inca Garcilaso de la Vega.

Montilla aparece entre viñedos y olivares. Foto: Ayuntamiento de Montilla.

Bodegas centenarias y lagares entre viñedos

El primer plan de este viaje pasa por conocer el vino desde su origen. A solo 20 minutos de Córdoba, Montilla forma parte de la Ruta del Vino Montilla-Moriles, un itinerario enoturístico que reúne bodegas, lagares, experiencias gastronómicas y propuestas para explorar el paisaje vitícola del sur de Córdoba, y que articula las propuestas de un total de 17 localidades, entre las que se cuentan desde catas de vinos en bicicleta a almuerzos en lagares, rutas de tabernas, visitas a bodegas y desayunos molineros.

Encontramos Montilla rodeado de extensos campos de viñas y olivos que trepan por las laderas de la Sierra de Montilla. Aquí y allá se alzan bodegas y lagares, como se conoce a las construcciones tradicionales ligadas a la elaboración de vino y enclavas entre viñedos, que permiten conocer, desde el paisaje en el que nacen, los procesos de elaboración y de los vinos de la denominación de origen.

Viñedos en la Sierra de Montilla. Foto: Lagar Blanco.

Es el caso de Lagar Blanco, en un hermoso paraje natural en el pago de Cuestablanca que, además de una hermosa panorámica de la campiña cordobesa que alcanza hasta la sierra Sur de Sevilla y el norte de la provincia de Málaga, es un buen ejemplo de una elaboración de vinos generosos que se basa en la transmisión y conservación de valores según la tradición familiar.

También en la Sierra de Montilla, el Lagar Los Raigones presume de una historia que se remonta al siglo XVIII. Y es que desde 1757 existen documentos que constatan la existencia de una bodega vinculada a nobles como Tomás de Guzmán y Avellano y Antonio Raigón y Soto, cuyo apellido está en el actual nombre del lagar. Una de sus propietarias, Ángela Jiménez, suele atender las visitas, narrando la historia del lugar y compartiendo catas, maridajes o almuerzos con los visitantes.

Venancia. Foto: Bodega Lagar Blanco.

En el casco urbano encontramos otro tipo de bodegas que invitan también a zambullirse en la historia de la elaboración de vino. Entre las direcciones que merece la pena tener en el radar está Bodegas Alvear, uno de los grandes referentes vinícolas de la localidad y una de las firmas históricas de la zona. Sus instalaciones permiten acercarse a una tradición bodeguera que ha marcado la identidad de Montilla durante generaciones; no en vano fue fundada  en 1729, lo que la convierte en la bodega más antigua de Andalucía y una de las bodegas de tradición vinícola familiar más antiguas del mundo.

Pedro Ximénez: un vino que define el destino

A estas alturas ya habremos oído hablar largo y tendido de Pedro Ximénez, el nombre que recibe la variedad de uva blanca que protagoniza la identidad vitivinícola de la zona. Quizás no supiéramos, eso sí, que con la Pedro Ximénez se pueden elaborar vinos con perfiles muy diferentes, desde blancos secos hasta vinos dulces de gran concentración aromática.

Con uva Pedro Ximenez se elaboran vinos de muy distinto perfil. Foto: Ayuntamiento de Montilla.

También entre las curiosidades de la zona se cuentan sus métodos de elaboración y crianza de los vinos, especialmente los generosos, entre ellos finos, amontillados y olorosos. Oiremos hablar de velo de flor -la capa de levaduras que bajo la que algunos vinos desarrollan su crianza-, de soleras y criaderas, de botas y de sacas, todo un universo que permite acercarse a los diferentes y tan especiales estilos de vino que nacen en Montilla.

No hay que olvidar, claro, el Pedro Ximénez dulce, elaborado a partir de uvas sobremaduradas o pasificadas, con sus notas de pasas, higos y frutos secos, todo un referente tanto para degustar como integrado en todo tipo de propuestas gastronómicas.

Una cata comentada o la visita a una o varias bodegas es la mejor forma de adentrarse en este mundo.

Enoturismo en Montilla. Foto: Bodega Alvear.

Del Gran Capitán al Inca Garcilaso

Más allá del vino, Montilla cuenta con una historia que sigue haciendo atractiva la visita. Por su casco histórico, vinculado durante siglos a señoríos andaluces, han pasado destacadas figuras que vivieron, por ejemplo, en el castillo de Montilla, en la parte alta de la localidad. La fortaleza fue derribada en 1508 por orden de Fernando el Católico, pero conserva vestigios de su pasado. El antiguo alhorí, el granero construido en el siglo XVII sobre los restos del castillo, aloja desde 2025 una exposición permanente dedicada a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, una de las figuras más destacadas de la historia de los Reyes Católicos que, además, nació en Montilla en 1453.

Centro de interpretación del Gran Capitán,e n el castillo. Foto: Ayuntamiento de Montilla.

También permite comprender el pasado de Montilla la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, una construcción señorial del siglo XVI que hoy funciona como espacio museístico. Nacido en Cuzco en 1539, el escritor e historiador vivió durante unos 30 años en esta localidad cordobesa, donde escribió parte de su obra.

La ruta puede seguir en el monasterio de Santa, la iglesia de San Francisco Solano y el Museo Garnelo, dedicado al pintor José Garnelo y Alda, nacido en Enguera (Valencia) pero estrechamente vinculado a la vida cultural montillana.

La ciudad propone además diferentes rutas como la indiana, que permite entender la vinculación de Montilla al continente americano y al intercambio cultural a lo largo de los siglos y, muy distinta, una ruta de murales que incluye paradas en obras de arte de gran formato firmadas por artistas como la argentina Gisel Rosso o el montillano José Manuel Carrasco que conforman una galería al aire libre que rebosa color, creatividad, simbolismo y cultura popular. Los encuentras en zonas como Envidarte, la Cuesta de los Pinillos, la Calle Ballén, el entorno del Centro Cultural Alcalde Antonio Carpio o la Avenida de Boucau.

Iglesia San Francisco Solano. Foto: Turismo de Andalucía.

Qué comer en Montilla: cocina cordobesa y vinos de la tierra

La gastronomía es otra de las razones para visitar Montilla (y querer quedarse). Vino y productos de la campiña cordobesa son los principales ingredientes de una cocina en la que caben las tapas, los guisos tradicionales, los embutidos y los aceites de oliva de la zona.

Casi cualquier taberna y restaurante de la localidad es un buen sitio para probar un aperitivo o una comida pero, si necesitas unas pistas, puedes probar con Taberna Bolero (Fuente Álamo, 9), un histórico de Montilla (fue fundado en 1929) que además se ha atrevido a dar una vuelta a las recetas tradicionales para ofrecer bocados que van de la mazamorra con uva en infusión de amontillado, los callos y las ortiguillas a la ventresca de pez espada a las brasas con vinagreta de ajo y wok de verduras.

Foto: Taberna Bolero.

Otro acierto es Taberna La Chiva (San Francisco Solano, 42), que mantiene el ambiente de una taberna tradicional y eleva la experiencia a la de un solvente restaurante, o La Tata (La Corredera, 43), taberna de tapeo con alma y espíritu de enoteca, un buen lugar para explorar los generosos de la zona.

Restaurante Torres (Lepanto, 4), Taberna Los Lagares (Avenida de las Camachas, 1), y Taberna Rincón del Conde (Don Gonzalo, 7) son otras muy buenas direcciones para tener en el radar.

Además de platos, vinos secos y dulces, merece la pena prestarle atención al aceite de oliva que, además, se puede conocer en alguna de las almazaras que rodean la ciudad, algunas de las cuales permiten visitas que redondean una experiencia cultural y gastronómica en Montilla.

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