Lulú Zheng (Le Chinoise): “Hacemos alta cocina china con buen producto y autenticidad sin pagar una barbaridad”
El pato laqueado suflado del que ha servido 10.000 raciones encarna bien el concept de alta cocina china que Lulú Zheng ofrece en Le Chinoise: recetas de Zhejiang, buen producto, tradición y voluntad
Lulú Zheng en Le Chinoise (Madrid).
La cocina no era la primera opción de Lulú Zheng. Nacida en Valencia de padres chinos sí se dedicaron a la hostelería (él como chef y ella en la sala) en Collado Villalba, Zheng soñaba con ser intérprete jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero la vida tenía otros planes para ella: en concreto, fundar y dirigir -por el momento- tres restaurantes de éxito en Madrid: Le Chinoise, Mítiko y Preciados 33.
“Todos los chinos tenemos alma emprendedora”, explica a Tendenciashoy. Pese a no haber nacido en China, sí pasaba los veranos en Qingtian, en la provincia de Zhejiang, con familiares aprendiendo mandarín y descubriendo sus raíces y la cultura de sus padres, que considera tan propia como la española.

Su primera incursión en la hostelería llegó en 2021 con Mítiko (Sor Ángela de la Cruz, 22). Tras la pandemia y al poco de quedarse embarazada, la posibilidad de quedarse con un local que considera de referencia “nos hizo tanta ilusión que decidimos dar el 100%”. Lo abrió junto al que desde entonces es uno de sus socios, Javier Chen, inicialmente enfocado en la cocina japonesa y, tras la incorporación del chef peruano Jorge Rodríguez, especializado en gastronomía nikkei.
Con el éxito de su lado, abrió después Preciados 33, de cocina española y mediterránea, y Le Chinoise, con el que pretende derribar varios mitos a la vez: que los restaurantes chinos sean cutres y que la alta cocina tenga que ser prohibitiva.
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Le Chinoise
Zheng ha desarrollado este singular porfolio con la convicción de que “cada restaurante tiene su propia identidad”, cada uno condicionado por sus propias especificidades como la ubicación y el perfil de clientes. Sin embargo, recalca, el objetivo principal pasa porque “cada restaurante tiene que ser único; no es algo que se pueda replicar. Tiene su propia esencia e historia”.

En el caso de Le Chinoise (María de Molina, 6) en el madrileño barrio de Salamanca, el proyecto se orientó desde el inicio a la alta cocina china, con recetas y técnicas de la región natal de sus padres, Zhejiang, al este de China de donde, por cierto, procede la mayoría de chinos que reside en España.
Un precio adecuado, que no relegue al restaurante a unos pocos bolsillos o a momentos puntuales es su otro bastión: “Queremos que Le Chinois sea un restaurante de calidad, con productos muy frescos, sin tener que pagar una barbaridad”.
“Queremos que la cultura gastronómica llegue a más gente y que prueben que la cocina china no solo es arroz frito o pollo con limón”
“La alta cocina china no tiene por qué ser cara. Creo que podemos conseguirlo trabajando con buenos productos de pequeños agricultores y siendo auténticos, ya que todos los chefs son chinos de Zhejiang y cuentan con más de 20 años de experiencia en wok”.
Para que una comida en Le Chinoise no suba de un ticket medio de 50-60 euros, trabajan en todos los aspectos: “Cuidamos el servicio, el ambiente y la bodega: no tiene por qué basarse en vinos internacionales a precios impagables; en España hay vinos excelentes a precios asequibles”.

“Todo este conjunto hace que la experiencia sea especial”, sostiene. “Para mí, eso es la alta cocina en Le Chinois: una propuesta accesible para todos, auténtica y fiel a nosotros mismos”.
El pato laqueado que ha conquistado Madrid
Consciente de que un restaurante de estas características no solo vende platos, Zheng y su equipo se marcan como objetivo transmitir cultura gastronómica, de ahí que participen regularme en eventos como China Taste, en el marco de la celebración del Año Nuevo Chino en Madrid.
“Queremos que la cultura gastronómica llegue a más gente y que prueben que la cocina china no solo es arroz frito o pollo con limón”. Y, por si aún quedan dudas: “también queremos romper con la idea de que los restaurantes chinos son cutres, feos o que no saben atender”.

Buena muestra de esta filosofía es su propuestsa en Le Chinoise, con platos que ya se han convertido en iconos como el pato laqueado suflado del que se han servido, desde su apertura en 2024, más de 10.000 raciones.
Con una de las técnicas más exclusivas y espectaculares de la alta cocina china, esta receta milenaria se convierte en la práctica en un ritual.
Antes de llegar al plato, el proceso comienza con la maduración de 10 días de cada pieza. Posteriormente, “el pato se sufla, una técnica ancestral en la que se insufla aire bajo la piel para separarla de la carne, consiguiendo que, al hornearse y laquearse en una olla artesana, se obtenga una piel ultracrujiente y ligera, sin perder la jugosidad interior con un delicado aroma a madera frutal”, explican desde el equipo de cocina.
El resultado es un adictivo equilibrio entre texturas y sabores, con un acabado brillante y dorado que convierte cada pieza en un espectáculo.

El ritual de servicio eleva la experiencia. En mesa, el pato, presentado en un estuche de madera que permite guardar el calor sin sobrecocinarlo, se acompaña de una salsa hoisin casera elaborada con miel de flores, bastones de melón y pepino fresco, finas tiras de puerro argenta y crepes hechos a mano, que permiten a cada uno preparar sus propios rollitos de manera tradicional.
“El pato laqueado suflado es para nosotros un símbolo de excelencia, un plato que requiere paciencia, precisión y respeto por la técnica. Queremos que cada cliente viva en primera persona el ritual de la cocina china más auténtica”, explican los chefs de Le Chinois.
Un menú de alta cocina tradicional china
En el lujoso local, al que se accede a través del paifang -la puerta tradicional china- parece que el tiempo retrocede a la China de la dinastía Qing en el siglo XVII.

Con amplísimos ventanales que ocupan los dos pisos del restaurante, y envuelto en una luz ambarina que destaca la opulencia del conjunto, no faltan los farolillos, los dorados, los terciopelos, las sedas estampadas o las celosías de madera. Un gigantesco dragón, símbolo de la fuerza y la tradición en la cultura china, preside la sala principal mientras se eleva hacia el techo.
La carta, claro, incluye otras muchas propuestas, siempre en la línea de la alta cocina china.
Recomendamos empezar con un cóctel suave como Le Chinoise, con vodka, maracuyá y Campari, y acompañarlo del surtido de dim sum, que resume bien la esencia del restaurante: piezas rellenas de cerdo ibérico con consomé de gallina y de langostinos tigre con bambú deshidratado.

También son buena elección las vieiras al vapor con fideos finos de arroz, que se acompañan de salsa de soja a la naranja y cebolleta fresca.
De principal, sin duda, la joya de la casa: el pato laqueado suflado, que puede pedirse en media ración o completo. Entre los pescados, destacan la lubina salvaje y el rodaballo salvaje, o bien el bacalao al wok.
Para terminar, la degustación de chocolates artesanales, maridada con tés orientales a elegir, que cierra la experiencia de una forma elegante y muy coherente con todo el menú.

Como apuntaba Zheng, los vinos tienen también su espacio en la carta. Sorprende la cantidad de referencias, bien seleccionados y con presencia de blancos, tintos y espumosos nacionales (de corpinnat a generosos, pasando denominaciones de origen como Rioja, Ribera o Madrid, pero también Lanzarote Ribeira Sacra, Valle de la Orotava, Bierzo o Alicante) e internacionales como Argentina, Francia o Alemania.