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La ZAS de Ruzafa (Valencia) amenaza un tercio del negocio de 200 pymes de hostelería
La federación de hostelería apunta que la medida desmantela un tejido empresarial con miles de empleos directos
Una calle del barrio de Ruzafa
El Pleno del Ayuntamiento de Valencia aprobó de forma definitiva la declaración de Zona Acústicamente Saturada (ZAS) para el barrio de Ruzafa, una medida que trasciende el ámbito de la convivencia vecinal para convertirse en un factor determinante en la economía del distrito. Bajo un prisma estrictamente económico, la normativa supone una intervención directa en el modelo de negocio de aproximadamente 500 establecimientos, de los cuales unas 200 son pymes dedicadas a la hostelería y la restauración, además de una decena de tiendas de conveniencia que operan en un entorno de alta afluencia turística.
El núcleo del impacto económico para las pymes de Ruzafa reside en la restricción de los periodos de explotación de sus activos principales: las terrazas y el horario de sala. La normativa establece que, entre marzo y octubre, las terrazas deberán estar recogidas a las 00:30 horas (domingo a jueves) y a la 01:30 horas los fines de semana. En el periodo invernal (noviembre-febrero), el cierre se adelanta a la medianoche en días laborables.
Desde un punto de vista de facturación, esta reducción afecta a la última franja de consumo nocturno, que históricamente es la que genera el mayor margen de beneficio por ticket. Para una pyme con costes fijos elevados (alquileres, suministros y salarios), la pérdida de esta última hora de servicio puede comprometer el punto de equilibrio operativo. La Confederación de Hostelería de la Comunidad Valenciana advierte de que el éxito de una medida de este tipo no debe evaluarse sólo por la reducción de decibelios, sino por su capacidad para no desmantelar un tejido empresarial que genera miles de empleos directos.
La declaración de ZAS introduce una barrera de entrada al mercado al suspender la concesión de nuevos títulos habilitantes. No se otorgarán nuevas licencias ni se permitirán ampliaciones de las existentes, lo que supone una «congelación» de la oferta terciaria en el barrio.
El concejal de Mejora Climática y Acústica, Carlos Mundina, ha defendido que la ZAS es una herramienta necesaria para cumplir con los mandatos judiciales y buscar la conciliación entre el descanso y la actividad cultural y gastronómica. Sin embargo, desde la oposición se cuestiona la eficiencia técnica de las medidas adoptadas.
La concejala socialista Elisa Valía ha calificado la normativa de «maquillaje», aportando datos de niveles sonoros en calles como Centelles o Literato Azorín que superan los umbrales aceptables, sugiriendo que las restricciones actuales podrían no ser suficientes para resolver el problema acústico pero sí para castigar la actividad económica. Por su parte, Giuseppe Grezzi (Compromís) ha lamentado la falta de diálogo con el tejido empresarial para «co-diseñar» soluciones que no generen tanta desafección en los agentes económicos del barrio.
Con la puesta en marcha de la «zona de respeto» y las restricciones horarias, el tejido empresarial de Ruzafa -uno de los más dinámicos de Valencia- se enfrenta a un escenario de ajuste de márgenes. La capacidad de las pymes para adaptar sus balances de resultados a un entorno de actividad más reducido será la prueba de fuego para la supervivencia de muchos negocios.
La mirada de los hosteleros de la zona se centra ahora en el cumplimiento de esa previsión de caída del 33% en la actividad.