La crisis del 'ladrillo' se cobra un símbolo del textil catalán

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Pulligan, especializada en género de punto, cierra sus puertas tras presentar concurso de acreedores en diciembre de 2009. Los problemas se agudizaron por un macro proyecto inmobiliario fallido

23 de julio de 2011 (23:42 CET)

Pulligan, una de las empresas más emblemáticas del textil catalán, cierra finalmente sus puertas al no superar los efectos de una crisis que la llevó a presentar concurso de acreedores en 2009. Sus marcas comerciales se vendarán a Factory Stock, con sede en Igualada (Barcelona), y que sólo subrogará nueve de los 32 trabajadores que quedaban en plantilla, informa El Periódico

En 2009, Pulligan --presidida por Joan Canals-- presentó concurso de acreedores y reconoció una deuda de 20 millones de euros. Los problemas de este símbolo de la industria textil catalana empezaron tras el fracaso de una operación inmobiliaria. Pulligan vendió en 2006 la antigua fábrica de Pulligan en Canet de Mar (Barcelona) a Aisa --presidida por Genís Marfà-- para, en parte, enjugar sus deudas acumuladas hasta 2005.

El remedio fue peor que la enfermedad. En el acuerdo de adquisición estaba previsto que la inmobiliaria construyera para Pulligan dos naves en un polígono industrial situado en las afueras del pueblo, pero se quedaron a medio edificar debido a los problemas de liquidez del constructor. Según El Punt, las naves industriales no se acabaron --ahora están a merced de los bancos-- y la situación financiera de la textil quedó fuertemente comprometida.

Deslocalización

Bajo la presidencia de Canals, también presidente de la Agrupación Española de Género de Punto y vicepresidente del Consejo Intertextil Español, Pulligan deslocalizó producción a Marruecos en detrimento de la factoría catalana. Esta estrategia también ha sido muy criticada por los representantes sindicales que responsabilizan a Canals de "una mala gestión empresarial que inició hace 10 años con la deslocalización de la manufactura".

Para los trabajadores, el cierre de Pulligan "era la crónica de una muerte anunciada". Aparte de la marca propia, Pulligan lideraba el mercado del género de punto con firmas de prestigio como Meyba, Pierre Cardin y Peyton.
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