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La CNMV aguanta a Liberbank con la respiración asistida de la prohibición de las posiciones cortas, pero necesita capital y el mercado se impacienta

Xavier Alegret

Manuel Menéndez en una imagen de archivo. El consejero delegado de Liberbank acudirá a la ampliación de capital. EFE/ED/archivo

Barcelona, 23 de julio de 2017 (05:55 CET)

A Liberbank se le está poniendo cara de ser la próxima protagonista –involuntaria– del baile de adquisiciones que se ha vuelto a reactivar en el sector financiero español y que promete terminar con la banca pequeña. El banco fruto de la unión de cuatro cajas ha pasado de querer con orgullo seguir en solitario a estar sujetado por la CNMV y con fecha de caducidad a su particular prórroga de especuladores. Cuando ésta termine, en septiembre, será la nueva patata caliente de Luis de Guindos y su futuro se acercará al de algún gran banco.

Liberbank (Cajastur, CCM, Cantabria, y Extremadura) inició su viacrucis tras la caída de Banco Popular. El mercado entendió que si había un banco en España que podía contagiarse, era el que dirige Manuel Menéndez. Eso provocó una caída de su acción de casi el 50% en pocas semanas, con dos días negros a principios de junio en los que acumuló un descenso del 30% y tocó suelo en 0,68 euros por acción.

Esa caída, con gran presencia de posiciones cortas –que apuestan a que el valor bajará–, y el miedo a otro caso Popular, llevó a la CNMV a prohibir los cortos durante un mes. Automáticamente, la acción de Liberbank se recuperó. El 12 de julio, cuando vencía la prohibición, la prorrogó por dos meses, es decir que la tregua durará hasta el 12 de septiembre. La acción se ha estabilizado alrededor del euro, lo que valora al banco en 930 millones.

Los analistas creen que la CNMV aguanta a Liberbank artificialmente y que vale un 30% menos

No obstante, Liberbank solo gana tiempo. Los inversores han vuelto a confiar en la entidad porque el valor se ha estabilizado, pero saben que cuando vuelvan los cortos, la acción será de nuevo un polvorín. Los analistas no han mejorado el precio objetivo del banco pese al veto, y varios lo sitúan hasta un 30% por debajo de su precio actual, de 1,005. Mirabaud y Kepler Cheuvreux sitúan a Liberbank en los 0,70 euros por acción, lo que le deja en un valor en bolsa de 650 millones. El Santander lo valora en 0,86 euros, un 14% menos que su cierre del viernes.

Precisamente el Santander es una de las entidades que ha avisado de que el problema de Liberbank no se encuentra solo en la bolsa y los bajistas, sino que tiene también un problema de activos: le sobran activos problemáticos del ladrillo por unos 1.000 millones. Mint Partners también lo ha advertido, en un informe que repasa los bancos potencialmente problemáticos de Europa, entre los que sitúa Liberbank. Según sus analistas, necesita 1.000 millones de capital, ya que tiene un 17,7% de activos problemáticos.

Los analistas coinciden en que es cuestión de tiempo. Como han hecho todas las entidades, el banco tiene que quitarse de encima estos activos y, de hecho, ya ha puesto a la venta su inmobiliaria, aunque es insuficiente. ¿Pero tiene ese tiempo? El problema es que los mercados no esperan y el 12 de septiembre los bajistas pueden volver a atacar si no se han hecho los deberes. Si la CNMV no prorroga la respiración asistida, quien puede tener que actuar es el Gobierno.

Las tres opciones para Liberbank

Así las cosas, Liberbank tiene todos los números para ser la próxima entidad absorbida en el nuevo baile de fusiones que ya ha empezado y que ya ha eliminado a BMN y Popular. La pregunta es quién. Durante las olas de fusiones, los grandes bancos han crecido con la compra de entidades regionales para mejorar su presencia geográfica por toda España. BBVA, Caixabank, Sabadell

Pero a estas alturas, estos bancos ya no tienen las mismas necesidades, y una Liberbank a penas contribuiría a una mejora de su posición en el ránking. Y menos aun si es a costa de empeorar sus balances y sus ratios de calidad de activos, en un contexto de incremento de las exigencias por parte del BCE.

Una alternativa a ser absorbida por un grande es la fusión de bancos de menor tamaño para ganar volumen. En esta liga están Ibercaja y Unicaja, además de Liberbank y de las cajas vascas, que son un verso libre. El pero de esta opción es que si una de las entidades tiene problemas de solvencia, la fusión puede ejercer un efecto contagio, lo que no haría más que generar un problema mayor. Durante la crisis se vivieron varios casos paradigmáticos de ello. La tercera opción es la compra por parte de un banco extranjero que quiera ganar peso en España –¿Crédit Mutuel?– o un fondo.

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