La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, durante la presentación de los resultados del grupo en 2018.

Los bancos enseñan la puerta a 10.000 empleados en 2019

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Caixabank, el Santander, Unicaja, Liberbank y BBVA planean recortes de personal y prejubilaciones este año forzados por la digitalización

Xavier Alegret

Economía Digital

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, durante la presentación de los resultados del grupo en 2018.

Barcelona, 17 de febrero de 2019 (04:55 CET)

La banca española ha aparcado la nueva ola de fusiones por las horas bajas que viven las entidades en bolsa. La ola que llegará antes será la de los recortes de personal. Tras un 2018 algo más tranquilo, este año se presenta con cerca de 10.000 empleados de Caixabank, el Santander, Unicaja, Liberbank y BBVA ante la puerta de salida.

En el mes y medio de 2019 que llevamos, se han concentrado ya los anuncios de recortes en varias entidades. En algunos casos, como Unicaja y Liberbank, será fruto de la fusión en la que trabajan, y las cifras son todavía orientativas. El caso contrario es el de Caixabank, que ya está negociando las medidas con los sindicatos.

El sector bancario tenía el año pasado unos 168.000 empleados, según datos de las patronales AEB (bancos) y CECA (antiguas cajas de ahorros). Este año perderá unos 10.000, según los planes anunciados por las compañías o filtrados. El Santander será, previsiblemente, el que haga el mayor recorte, de unas 3.000 personas, al margen de su reducción en Reino Unido a causa del brexit.

Caixabank y el Santander: menos oficinas, menos personas

Caixabank fue el más madrugador. Después de anunciar, en noviembre del año pasado, el cierre de unas 800 oficinas por su apuesta por las store, a principios de año puso cifra al recorte de personal que conllevarán los cierres. La cifra que tienen ahora encima de la mesa de negociación con los sindicatos es de 2.157.

Como ha hecho en los últimos años, el banco que preside Jordi Gual tiene intención de que todas las salidas sean voluntarias. Por ello, busca un acuerdo con los representantes de la plantilla. Pero esta vez parece que lo tiene más difícil, ya que los sindicatos están acusando al banco de inmovilismo. Caixabank ofrece prejubilaciones a partir de los 53 años, y 33 días por año de indemnización a los de menos de esa edad.

El Santander anunció también a principios de 2019 recortes de personal en Reino Unido. Este viernes ha transcendido que el plan que tienen para su negocio en el país británico también lo aplicarán aquí. En concreto, serán 3.000 salidas para el cierre de entre 1.000 y 1.200 sucursales. La causa, como en el caso de Caixabank, también es la digitalización, que ha cambiado los hábitos de los clientes y hace necesarias menos oficinas pero con un trato más personalizado.

BBVA y Unicaja y Liberbank, planes más inconcretos

La fusión de Unicaja y Liberbank está previsto que también comporte recortes, pese a que las entidades ya los realizaron cada una por su lado. La unión de estos dos bancos se está negociando y se prevé que se acuerden los términos este semestre. Uno de los puntos calientes será resolver las duplicidades y activar sinergias, lo que comportará cierres de oficinas y también despidos.

Las primeras informaciones hablan de entre 2.500 y 3.000 salidas, entre despidos y prejubilaciones. El último cálculo, el más conservador, apunta a 2.452 salidas. Es del banco de inversión Kepler Cheuvreux, según el cual el banco resultante de la unión despedirá a casi una cuarta parte de los 10.800 empleados que suman.

BBVA es el banco que menos concretos tiene los planes de recortes. De hecho, los ha publicado casi sin querer y sin la estrategia que los acompañarían. En el informe financiero de 2018 publicado en la CNMV, adelanta que este año gastará 480 millones de euros en prejubilaciones. Haciendo una extrapolación con lo que le costaron las salidas en 2018, con este dinero puede jubilar a unos 1.700 empleados.

Estos son los recortes que están ya sobre la mesa o que vienen en camino, pero puede haber más. El sector está viviendo una transformación hacia un uso cada vez más digital que, en el país con más oficinas bancarias por habitante, supone un cambio cultural también para las entidades, que están ante la disyuntiva de adaptarse o morir.

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