Navantia entra en la carrera por el plan de defensa de 55.000 millones de Reino Unido con los astilleros del Titanic

La puesta en marcha del Plan de Inversión en Defensa del Gobierno británico, que destinará 18.000 millones a programas navales hasta 2030, coge a Navantia trabajando en los buques logísticos para la Royal Navy y tras completar la inversión para modernizar sus astilleros

A principios del año pasado, Navantia cerró la compra del grupo británico Harland & Wolff por unos 112 millones de euros, una operación que tenía como objetivo salvar el contrato de casi 2.000 millones para construir tres buques de apoyo logístico de la Royal Navy (el programa FSS), que se había adjudicado en alianza con los astilleros que ensamblaron el cinematográfico Titanic. El grupo español de construcción naval, controlado por la Sepi, armó su primera estructura industrial de calado en tierras extranjeras, al integrar cuatro centros ubicados en Belfast, Appledore, Methil y Arnish, a los que ha destinado unos 180 millones de inversión para modernizar las instalaciones.

Consolidado el contrato para reforzar las capacidades logísticas de la Armada británica, la publicación del Plan de Inversión en Defensa (Defence Investment Plan) del Reino Unido hace diez días abre nuevos horizontes para Navantia UK, que está posicionándose activamente para absorber parte de los ingentes fondos públicos que destinará el país al rearme. Están previstos más de 55.000 millones de inversión solamente en programas navales, de los que 18.000 millones se ejecutarán hasta 2030.

Apenas tres días después de que se presentara la hoja de ruta, Donato Martínez, el CEO de la filial británica de la compañía española, recibía en Belfast al ministro de Industria, Chris McDonald. «El Plan de Inversión en Defensa subraya la importancia estratégica de mantener la capacidad de defensa soberana, fortalecer la base industrial marítima del Reino Unido y proporcionar la futura flota necesaria para la resiliencia nacional, la disuasión continua en el mar y la futura armada híbrida», destacaba Navantia en su comunicado con motivo de la visita, poniendo en valor las bondades de operar como una empresa británica, aunque controlada por un grupo público español.

Hace unos días, Martínez ofrecía abiertamente sus astilleros para la construcción de ocho buques de transporte anfibio que adquirirán en alianza Reino Unido y Países Bajos, cuatro para cada uno. «El astillero Harland & Wolff en Belfast proporciona a Reino Unido una capacidad probada y soberana para construir estos buques. Tras una recapitalización con una inversión de más de 98,5 millones de libras esterlinas, es ahora una de las instalaciones de construcción naval más avanzadas de Europa. Navantia UK está plenamente comprometida con este programa y dispuesta a colaborar con los gobiernos del Reino Unido y los Países Bajos, junto con otros socios, para desarrollar esta capacidad naval del siglo XXI», dijo el directivo.

El dinero del rearme británico

El Defence Investment Plan publicado el 30 de junio, que identifica a los Estados Unidos de Donald Trump como principal aliado en materia militar y a Rusia como principal amenaza, prevé, en el ámbito marítimo, una inversión de 15.740 millones de libras, unos 18.500 millones de euros, hasta 2030, coincidiendo con el periodo de vigencia del programa de préstamos SAFE de la Comisión Europea para el sector de la defensa. Estos fondos incluyen programas ya en marcha, como los propios buques de apoyo logístico que construye Navantia; mutan la concepción de la flota de superficie con 1.700 millones destinados a la armada híbrida, que combina buques comunes con no tripulados (en estos se incluyen plataformas de misiles, plataformas de detección submarina, radares, o submarinos «extragrandes»); reserva más de 5.000 millones a fragatas y 1.500 millones a detección de minas. Entre otros equipamientos, también están los buques anfibios que corteja Donato Martínez.

El documento precisa que, entre 2030 y 2035, también en el ámbito de la defensa naval, se movilizarán otros 37.000 millones en «nuevas capacidades marítimas». «Integraremos plenamente las capacidades autónomas submarinas, de superficie y aéreas con las plataformas tripuladas de la Royal Navy y las de nuestros aliados de la OTAN. En conjunto, proporcionarán la capacidad operativa y la persistencia necesarias para proteger nuestra infraestructura submarina crítica, defender nuestra disuasión nuclear, proteger el territorio nacional y ayudar a la OTAN a garantizar la seguridad del Atlántico», señala el plan de inversiones. Apunta, de manera más precisa, a modernización de fragatas, ampliación de la mencionada armada híbrida, submarinos de misiles balísticos, seis nuevos buques de combate o sistemas de alerta temprana para portaaviones. Todos estos programas vendrían a dar continuidad y ampliar las inversiones del periodo 2026-2030.

Lo que para la Royal Navy supone una profunda transformación, incluyendo la retirada de buques emblemáticos como el patrullero HMS Protector o las fragatas tipo 23 más antiguas, para Navantia abre una ventana de oportunidad. Fuentes de los astilleros públicos señalan que tienen capacidad suficiente en las instalaciones de Harland and Wolf para asumir parte de esos contratos, teniendo en cuenta la experiencia y el apoyo tecnológico desde España. Rema a su favor el propio contrato de los buques de apoyo logístico, la inversión en los astilleros y un plan de crecimiento en las islas para alcanzar los 2.000 empleos en 2030, más de los que tiene actualmente en Ferrol. A día de hoy, Navantia UK cuenta con 1.100 trabajadores.

De la eólica marina a los misiles

El enfoque de Navantia en suelo británico, por tanto, va más allá del contrato que ganó junto a Harland and Wolf y apunta al desarrollo de dos áreas de negocio que replican, en cierta forma, la estructura más madura de los astilleros en España. Por un lado, el voluminoso plan de defensa. Por otro, el desarrollo renovable, que trabaja en los centros escoceses de Arnish y Methil.  A principios de este año, Reino Unido celebró la mayor subasta de eólica marina celebrada en el continente europeo con el reparto de 8,4 GW para siete proyectos. Navantia invirtió en sus astilleros para aprovechar esta nueva demanda mediante la fabricación de componentes.

Mientras cuajan los planes de futuro y avanza el contrato para la Royal Navy, la filial británica facturó 230 millones en 2025 y registró pérdidas por valor de 54 millones. El desembarco en el Reino Unido, así como el esfuerzo inversor que conlleva, también penalizaron al conjunto del grupo, que se anotó números rojos de 149 millones, un 23% más.

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