Bienvenido, Mister Migrante

Las remesas de dinero enviadas por los migrantes han superado a las inversiones extranjeras en los países de todo el mundo

Personas migrantes de diversas nacionalidades en un autobús

Personas migrantes de diversas nacionalidades en un autobús. EFE/ Luis Torres

La afamada película y sátira de Berlanga a la que pretendo aludir en el título de este artículo resume, en cierta medida y de forma gráfica, algunos de los contenidos y conclusiones que este lunes y martes, del recién estrenado mes de septiembre, se han podido escuchar en el International Workshop «Money in transformation: actors, processes and social effects of financial innovation», llevado a cabo en la Universidad de A Coruña (UDC), bajo la coordinación de los profesores Carles Maixé y Matilde Massó y la participación de, entre otros, Mark Davis (Profesor de la Universidad de Leeds y fundador y luego director –hasta 2020– del centro de investigación internacional The Bauman Institute) o Gustavo del Ángel (Profesor Investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas –CIDE– de México); así como miembros del Grupo de Investigación MONFIN, del que formo parte.

Ya en la primera intervención, a cargo del profesor de la Universidad de Northumbria (UK), Bernardo Batiz-Lazo, se pudo comprobar que las remesas de dinero enviadas por los migrantes han superado a las inversiones extranjeras en los países de todo el mundo. Es decir, que el importe económico que mueven estas comunidades son cuantitativamente más importantes que todas las intervenciones externas de capital.

Además, lejos de pensar que ese dinero lo pierde el país que recibe migrantes, según los datos ofrecidos por el profesor mexicano, resulta que estos trabajadores foráneos no suelen usar mucho los servicios a los que tienen derecho, como los de carácter sanitario; por lo que, por una parte, están aportando con su trabajo al incremento del PIB del país receptor y, por otra, no gastan recursos del mismo como otros lugareños. Por tanto, el balance económico resulta claramente positivo y favorable a lo que aportan los migrantes en los países receptores.


Curiosamente y desde este punto de vista económico, incluso supone más la contribución del migrante en el país receptor que lo que repercute el envío de su dinero en los países de origen ya que, como puso de manifiesto este profesor de Historia de la Economía, esas remesas no inciden en el incremento de los salarios, ni de la riqueza ni de la inversión en sus destinos, ya que son utilizadas sobre todo para repartir dinero entre los familiares, principalmente para el consumo del día a día.

Los migrantes son claramente más beneficiosos que perjudiciales

Esto también me hizo recordar los informes anuales del Gobierno Vasco, en los que realizan un estudio comparativo entre lo que cuestan e ingresan los emigrantes en esa comunidad. Resultando que, en todos los años que he consultado, eran claramente favorables a la aportación de estos trabajadores a la economía regional (por las cuotas a la Seguridad Social, impuestos, consumo, etcétera). Es decir, y dicho en un lenguaje todavía más frío, sobre todo hablando de aspectos y términos económicos, los migrantes son claramente más beneficiosos que perjudiciales.

Todo lo cual pesa en contra de los discursos y opciones políticas xenófobas, los muros fronterizos y el pánico a las pateras que mucha gente asocia al hecho y a la población que, por desgracia, se ve en la necesidad de dejar su tierra natal e irse para poder vivir. Lejos de ser unos apestados, como hasta ahora son tratados generalmente, los países receptores deberían darles la bienvenida, aunque fuese como la de Mister Marshall en la película.

Pero nada más lejos u opuesto a lo que ocurre. A las empresas, fábricas, industrias, demás negocios y capital extranjero se les pone «alfombra roja», se les da toda clase de facilidades (en impuestos, terrenos, …), se les subvenciona y casi que se les implora y mendiga para que vengan e inviertan en nuestros respectivos países. Incluidas todas las tropelías que se han cometido al respecto, desde hipotecar el patrimonio natural y cultural en ello, deslocalizaciones (o búsqueda de mano de obra más barata), hasta estafas o aprovechamientos indecentes de las ayudas públicas por parte de grupos y gente que pueden considerarse como auténticos estafadores, los que sí esquilman a los países receptores.

Pero el hecho es que a esos especuladores los solemos recibir con los brazos abiertos, mientras que a los migrantes todo lo contrario, les cerramos o damos con la puerta en las narices. Cuando los números cantan, como se suele decir, en la otra dirección, a favor de los trabajadores extranjeros. Desde 2019 y en todo el mundo, encabezados por India, China y México, las remesas monetarias de los migrantes suponen, tanto en volumen como en rendimiento, una incidencia mayor y mejor en las economías que las realizadas por los denominados inversores.

La digitalización y la nueva economía pueden tener importantes costes sociales, en términos de exclusión financiera de determinados colectivos

En la segunda exposición de este whorkshop internacional, a cargo de Matilde Massó, Nazaret Abalde y Anastasiya Shevchenko, de la UDC, también se ha podido comprobar, con datos procedentes de una encuesta realiza en España, que la digitalización y la nueva economía pueden tener importantes costes sociales, en términos de exclusión financiera de determinados colectivos. Así, aspectos como la brecha digital, la existencia de precios y cargos adicionales que exceden la capacidad de hogares vulnerables o rentas bajas, el sobreendeudamiento o la existencia de barreras de acceso, que frecuentemente se configuran en función de algoritmos que pueden incluir variables como el lugar de residencia, origen geográfico de procedencia, etcétera; constituyen las causas más frecuentes de la exclusión financiera.

La cual afecta tanto a jóvenes como a personas mayores, ya que no interesan a la nueva economía que se está conformando en torno a las nuevas tecnologías; unos por no disponer de dinero y/o trabajo todavía y, otros, por sus dificultades para acceder a la llamada Inteligencia Artificial (IA). Completando el cuadro de los marginados de la nueva economía digital las personas con escasa formación, las pobres y las que viven en el ámbito rural, lo que las ponentes definieron como «exclusión financiera geográfica».

Unos datos y conclusiones que, respondiendo a la sincronicidad que conceptualizó Carl Jung, también han sido en parte publicados en la prensa precisamente el mismo lunes, diciendo en sus titulares que la banca discriminaba a los pueblos, mientras que apagaba la polémica de la atención a las personas mayores a través de la ampliación del horario de ventanilla. Una situación que una fotografía de la propia noticia resumía muy bien, con alguien portando un cartel que decía: «Somos mayores, pero no tontos».

Por lo que la referencia a la película berlanguiana también vale para reflejar otro de los sinsentidos de nuestra cultura y, concretamente, del sistema económico. Ya que, por un lado, se recurre a las pensiones y tiempo disponible de nuestros mayores, para que ayuden a otras generaciones; a la vez que se denuncia la España vacía y se precisan los alimentos y demás recursos del medio rural. Mientras que, por el contrario, se sigue marginando y asfixiando socialmente a esta parte de la población, como cuando en el film –de 1953– el coche y séquito del embajador estadounidense pasa de largo por Villar del Río.