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Absentismo, vacantes y desempleo
Galicia necesita empleo, pero sobre todo necesita empleo sostenible y un mercado laboral que funcione con equilibrio; persistir en decisiones arbitrarias, en reformas unilaterales y en el enfrentamiento ideológico solo agravará un problema que ya es demasiado serio
Galicia afronta en 2026 una paradoja laboral que debería preocuparnos a todos: desempleo estructural, miles de vacantes sin cubrir y un absentismo laboral persistentemente elevado, especialmente vinculado a la incapacidad temporal por contingencias comunes. No es una percepción empresarial ni un relato interesado: son datos objetivos, reiterados por organismos oficiales, mutuas colaboradoras y los propios informes empresariales, tanto en Galicia como en el conjunto de España.
El absentismo laboral en Galicia es una realidad que ya no podemos obviar ni maquillar con eufemismos. No se trata de una anécdota estadística ni de un debate ideológico: hablamos de cifras que destruyen competitividad, dañan la productividad y agravan la escasez de mano de obra en un tejido productivo ya constreñido por sectores con serias dificultades para cubrir vacantes.
Los datos no dejan lugar a dudas. En 2024, el absentismo en Galicia alcanzó niveles que sitúan a la comunidad muy por encima de la media estatal: la duración media de las bajas por contingencias comunes (sector de mutuas) fue de 81,10 días, frente a 42,57 días de media en España, y el impacto económico directo para las empresas gallegas se calcula en 425,3 millones de euros (total mutuas). Además, el número equivalente de trabajadores que no acudieron ningún día del año a su puesto de trabajo se elevó a 95.639 personas, una cifra alarmante si la comparamos con los 61.584 de 2018.
Estos desequilibrios son estructurales. No son fruto del azar ni de una coyuntura temporal: procesos largos de incapacidad temporal con duraciones superiores a los 365 días se han multiplicado por 6,4 desde 2019.
Este fenómeno, que se agrava en un momento de creciente falta de mano de obra en sectores clave, no puede seguir siendo abordado con silencios o parches. Si faltan trabajadores en la hostelería, en la industria o en los servicios logísticos, el absentismo crónico contribuye a agravar una ya preocupante escasez de personal cualificado. El discurso simplista de que “no hay trabajadores, porque en España hay millones de parados” no resiste el análisis serio de la realidad demográfica y laboral gallega: nuestra población activa es envejecida, y la tasa de empleo femenino y juvenil sigue por debajo de la media nacional.
Según los datos más recientes disponibles, Galicia superó en 2025 los 1,1 millones de personas afiliadas a la Seguridad Social, alcanzando máximos históricos, mientras que el desempleo registrado se situó en torno a las 120.000 personas, con una tasa cercana al 8,5 %, inferior a la de hace una década pero aún elevada si la comparamos con la capacidad real de absorción del mercado laboral. Al mismo tiempo, se contabilizaron más de 8.200 vacantes activas en el primer trimestre de 2025, el tercer registro más alto desde 2013, concentradas en industria, hostelería, logística, transporte y servicios sociosanitarios, sectores que no logran cubrir puestos pese a la existencia de demandantes de empleo.
A esta realidad se suma un problema que se ha convertido en estructural: el absentismo. En 2025, la tasa de absentismo laboral en Galicia alcanzó el 8,4 % de las horas pactadas, frente a una media estatal cercana al 7 %.
Más preocupante aún es la duración media de los procesos de incapacidad temporal, que teniendo en cuenta los diez primeros meses de 2025 se situó en 72,25 días, más de 30 días por encima de la media nacional (39,74 días; régimen general, agregado del sistema). En 2024, esta duración, si nos atenemos al total de Mutuas, ya había superado los 81 días por baja, casi el doble que en España, confirmando una tendencia sostenida desde 2018.
Este fenómeno tiene un impacto directo sobre la competitividad. En Galicia, el número equivalente de personas trabajadoras que no acudieron ningún día al trabajo a lo largo del año se acerca a las 100.000, una cifra incompatible con una economía que sufre escasez de mano de obra y un acusado envejecimiento demográfico. Las empresas —mayoritariamente pymes y micro pymes— se ven obligadas a reorganizar turnos, asumir sobrecostes y, en muchos casos, renunciar a pedidos o a crecer.
El absentismo no se resolverá con discursos, sino con acuerdos, gestión eficaz y respeto a quienes crean empleo
Desde la CEG llevamos tiempo advirtiendo de que no se puede legislar con un rodillo, cambiando continuamente las reglas del juego y sin contar con quienes tienen que aplicarlas. Lo hemos dicho con claridad en relación con la reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y con otras iniciativas impulsadas desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social, acordadas de forma bilateral con los sindicatos y presentadas como diálogo social cuando, en realidad, excluyen a la representación empresarial, vulnerando el principio tripartito que defiende la OIT.
También hemos rechazado frontalmente el intento de utilizar la fiscalidad, la contratación pública o las cotizaciones sociales como instrumentos de presión ideológica, penalizando a las empresas que no se ajusten a un modelo definido unilateralmente por el Gobierno. Estas políticas generan inseguridad jurídica, desincentivan la inversión y dificultan todavía más la gestión de fenómenos complejos como el absentismo o la cobertura de vacantes.
En este punto, las preocupaciones de Galicia coinciden con las del conjunto del país. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) ha alertado reiteradamente, en sus informes sobre costes laborales y productividad, de que el absentismo supone ya uno de los principales lastres para la competitividad de la economía española, con un impacto de miles de millones de euros anuales. CEOE insiste, además, en la necesidad de mejorar la coordinación entre el sistema sanitario, las mutuas y las empresas, así como de diferenciar claramente entre el ejercicio legítimo de derechos y las disfunciones del sistema que alargan innecesariamente las bajas.
Conviene subrayarlo con claridad: nadie cuestiona los derechos de las personas trabajadoras ni la necesidad de proteger su salud. Pero defender los derechos no es incompatible con exigir rigor, eficiencia y responsabilidad en un sistema que hoy no está funcionando bien, especialmente en comunidades como Galicia, con sectores intensivos en mano de obra y grandes dificultades de relevo generacional.
Ahora bien: hay quien confunde absentismo con ejercer derechos. Algunos sindicatos han denunciado que se mezcle la baja médica, los permisos legales o cuestiones de conciliación familiar con “fraudes”, en un intento por criminalizar a la plantilla. Desde mi perspectiva, la defensa de derechos y la exigencia de responsabilidades no son incompatibles. Una cosa es respetar los derechos laborales y otra, muy distinta, es permitir que sistemas mal estructurados perjudiquen a quienes generan riqueza y empleo.
Y aquí es donde entra en juego la política del Ministerio de Trabajo. Durante varios meses hemos visto decisiones arbitrarias o improvisadas que afectan a la seguridad jurídica de las empresas y su capacidad para planificar a largo plazo. La reforma de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, alcanzada entre el Ministerio y los sindicatos sin la participación activa de las organizaciones empresariales, constituye un ejemplo claro de que falta diálogo social real. Esta ausencia de consenso deja a las pymes gallegas —la columna vertebral de nuestra economía— sin reglas claras y con una carga normativa que dificulta la gestión cotidiana y contribuye, precisamente, a agravar fenómenos como el absentismo.
Por todo ello, desde Galicia reclamamos un Plan contra el Absentismo ITCC, basado en datos y no en consignas, que incluya:
- Refuerzo de medios en atención primaria y especialidades para reducir listas de espera que alargan las bajas.
- Revisión de protocolos de bajas y refuerzo del seguimiento y control de procesos de incapacidad temporal con criterios objetivos.
- Mejor coordinación entre sistema sanitario, mutuas y empresa para agilizar diagnósticos y recuperaciones.
- Diferenciación clara entre ausencias justificadas e injustificadas, con datos públicos y transparentes.
- Diálogo social inclusivo donde las preocupaciones de trabajadores y empresarios se enfrenten de forma responsable y no como trincheras ideológicas.
Galicia necesita empleo, pero sobre todo necesita empleo sostenible y un mercado laboral que funcione con equilibrio. Persistir en decisiones arbitrarias, en reformas unilaterales y en el enfrentamiento ideológico solo agravará un problema que ya es demasiado serio. El absentismo no se resolverá con discursos, sino con acuerdos, gestión eficaz y respeto a quienes crean empleo. Esa es la vía responsable. Y también la única viable.