Medidas que den respiro a la industria

Es necesario conjugar urgencia, estrategia e innovación para un cambio de paradigma: se requiere un marco de políticas que vaya más allá de parches temporales y una visión que sitúe a la industria en el centro de la política económica

Imagen de archivo de la cadena de montaje de Stellantis en Vigo

Imagen de archivo de la cadena de montaje de Stellantis en Vigo

La industria española atraviesa una etapa crítica en la que las tensiones estructurales, la competencia internacional y los retos ambientales convergen en un punto de inflexión. Ya no cabe hablar únicamente de coyuntura, sino de transformación: cómo hacemos que nuestra industria no solo sobreviva, sino que lidere la modernización económica del país.

En este contexto, los recientes planteamientos de la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) al Ministerio de Industria y Turismo -que ponen el foco en más industria, más innovación, más autonomía y más internacionalización- son una llamada de atención pertinente y, sobre todo, necesaria.

Una industria que sostiene la economía

No es exagerado afirmar que la industria es el corazón productivo de España. Según datos recientes, el sector industrial podría aportar alrededor del 16% del PIB nacional, y es responsable de aproximadamente el 70% de las exportaciones de bienes, así como de casi tres millones de empleos directos con niveles de cualificación relativamente altos. Sin embargo, estas cifras muestran también que estamos por debajo de la media europea en peso industrial, y que el potencial de crecimiento existe si se adoptan las políticas correctas.

Es difícil hablar de recuperación económica sólida sin una industria dinámica. El empuje del consumo y cierta robustez en el empleo han permitido que el PIB español crezca, incluso en momentos de incertidumbre global, con incrementos trimestrales del 0,8% o más en algunos periodos recientes. Pero detrás de estos datos macroeconómicos existe una realidad industrial que exige más que cifras: exige medidas tangibles que ofrezcan respiro real a las empresas manufactureras y productivas.

«No es exagerado afirmar que la industria es el corazón productivo de España»

El primero de esos respiros necesarios pasa por medidas que alivien la presión sobre costes y competitividad. La decisión del Gobierno de aumentar ayudas destinadas a compensar los costes de emisiones de CO₂ para las industrias electrointensivas -con una dotación de 600 millones de euros para 2025, el doble que en 2024- es un paso en la dirección correcta, especialmente para sectores con alta exposición energética.

Junto con esto, las empresas reclaman simplificación administrativa, seguridad jurídica y la eliminación de barreras burocráticas que lastran la inversión. Tal como ha trasladado la CEG, existe una necesidad clara de unidad de mercado y de un marco regulatorio que no penalice la actividad productiva con cargas desproporcionadas.

Sin embargo, ofrecer respiro no puede limitarse a amortiguar costes. La verdadera recuperación industrial exige una visión estratégica que coloque a España en la vanguardia de la innovación tecnológica, digital y sostenible. La inversión en proyectos estratégicos de transformación —como los PERTE gestionados desde Industria, que han captado miles de millones de euros para proyectos de automatización, digitalización y nuevas capacidades productivas— es un ejemplo de ello.

«Uno de los grandes retos es mejorar el acceso de las pymes industriales a financiación ágil y diversificada»

Innovar no es un lujo; es una necesidad competitiva. Son las empresas innovadoras las que aumentan productividad, captan más valor añadido y sostienen salarios mejores.

Por ello, uno de los grandes retos es mejorar el acceso de las pymes industriales a financiación ágil y diversificada, herramienta que también ha sido reivindicada por la CEG en su diálogo con el ministerio. Para que esto ocurra, la administración debe promover instrumentos financieros que sepan atender tanto a las grandes industrias como a las pequeñas y medianas, que sufren mayores restricciones de capital.

La sostenibilidad es otra pieza que no puede faltar en esta reflexión. La industria europea y global está migrando hacia modelos más limpios y eficientes, impulsados por exigencias regulatorias y por la demanda de mercados más exigentes. La transición energética y la descarbonización son inevitables, pero también pueden convertirse en una ventaja competitiva si se gestionan con visión y apoyo.

El enorme componente de sostenibilidad en los planes industriales —como la descarbonización de procesos o la eficiencia energética— no solo responde a obligaciones climáticas, sino que permite reducir costes operativos a medio plazo, acceder a nuevos mercados verdes y atraer inversiones. Esto demanda esfuerzos adicionales, inversión en I+D y alianzas estratégicas público–privadas, e implica también un cambio de paradigma: ver la sostenibilidad no como un coste, sino como una oportunidad de futuro.

Hablamos, por tanto, de un cambio de paradigma: pasar de políticas reactivas a políticas proactivas. El alivio temporal de presiones como los costes energéticos o la burocracia es útil, pero no suficiente si no va acompañado de una apuesta clara por capacidades industriales futuras. Este es el centro de la visión que CEG ha insistido en transmitir al ministerio: una industria conectada con innovación, autonomía estratégica y orientación internacional.

Ese cambio también debe incluir redes de educación y formación profesional que estén acordes con las demandas de la industria del siglo XXI, creando empleo no solo en cantidad, sino en calidad y con formación técnica avanzada, lo que además reduce la brecha de habilidades que muchos sectores industriales están experimentando.

La industria española puede y debe ser un motor de crecimiento sostenible, de empleo de calidad y de innovación estratégica. Pero para ello se requiere un marco de políticas que vaya más allá de parches temporales: medidas que den respiro, sí, pero también una visión estratégica que sitúe a la industria en el centro de la política económica, integrando sostenibilidad como un factor de competitividad, no como una imposición. El diálogo entre los representantes empresariales -como la CEG- y el Ministerio de Industria es un paso necesario, y su enfoque en industria, innovación, autonomía e internacionalización es el reflejo de una agenda que España no puede permitirse ignorar.

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