Objetivo Birmania
Hemos conseguido la pirueta del retruécano, el doble looping, la polarización bipolarizada en la política española. Hay dos derechas y dos izquierdas, el colmo de la polarización sincronizada.
Felipe González, expresidente del Gobierno de España. EFE/Enrique García Medina
Ahora que está tan de moda revisar, con no poca crítica mordaz, incluso con una pizca de resentimiento, la Transición española, hay aspectos que pueden resultar ilustrativos para su efecto comparativo con la actualidad. Si aquella fue una época de ilusión, de esperanza y de gusto por un cambio real, parece que la nuestra actual se caracterizase por la negligencia, el abandono y el descuido. En definitiva, eso que se llama comúnmente desidia.
Desidia
Objetivo Birmania fue uno de esos grupos que nacieron a partir de 1982, fruto de la añorada movida madrileña, que entonaba con sus birmettes, dos coristas para hacer el duduá así bautizadas por el periodista Tomás Cuesta, canciones simpáticas, frescas, divertidas y bailables. Para gusto de aquellos tiempos, un tanto menos cejijuntos que los actuales, la sencillez funcionaba, llegando a grabar cuatro álbumes en dos etapas diferentes. En el primero de ellos, titulado “Tormenta a las 10”, se encontraba su tema “Desidia”. Comenzaba la canción con un “Me tumbo en la hamaca pues no quiero trabajar”. Está claro que sí, que eran otros tiempos.
¿Qué fue de la Transición española?
O, simplemente, la Transición. Pues para nacidos después del efecto 2000, correspondió a un período de la historia de España en el que se dejó atrás un régimen dictatorial encarnado por el Generalísimo Francisco Franco, y en el cual, después de cuarenta años de un férreo personalismo, pasamos a instaurar una democracia regida por la Constitución llamada del 78. Ese pudiera ser el hecho fundacional, y el momento de su finalización se podría también cifrar en el año 1982 con la victoria del PSOE personificado por del dueto Felipe González y Alfonso Guerra, tas obtener más de diez millones de votos y alcanzar una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados con 202 miembros y un Senado con 134 integrantes. Pura coincidencia con la fundación de Objetivo Birmania como grupo musical.
Y a partir de ahí, nos fuimos convirtiendo en modernos, con unos Pirineos cada vez más encogidos y con la consolidación de un régimen para el que, quizás, todavía estábamos poco preparados, pero que era inevitable si queríamos tener alguna voz que mereciese ser escuchada más allá de Perpiñán. Y así fue, la desidia y la abulia dieron paso a tiempos más esperanzados y llenos de iniciativas; nada que ver con los de hoy.
Desidia instalada
Si se consultan las diferentes acepciones del término, por cierto, muy nutrido en sinónimos, en el caso del contexto social o de Gobierno, la desidia supone la desatención de las necesidades públicas o la falta de mantenimiento de infraestructuras. Como se puede ver, estamos atacados de desidia, de una cierta falta de energía que, como todo últimamente, parece contagiosa.
Según la psiquiatría, la abulia extrema, la desidia incapacitante, es fruto de ese tipo de trastornos que se denominan disociativos. Y el extremo ya máximo del trastorno disociativo se lo lleva el de identidad, cuando en una única cabeza conviven, al menos, dos personalidades.
¡Acabáramos! Somo incapaces de unificar debido a nuestra propia identidad. Si existen dos Españas, será por algo… Si hasta aquella fotografía del triunfo socialista del 82, con las entrelazadas manos en alto de unos jóvenes González y Guerra, acabó en divorcio.
Parte de la desidia no deja de ser más que escapar de la realidad, de la responsabilidad propia. Hemos conseguido la pirueta del retruécano, el doble looping, la polarización bipolarizada en la política española. Hay dos derechas y dos izquierdas, el colmo de la polarización sincronizada.
Según la clínica, la solución al trastorno disociativo, dejando aparte la medicación, lo supone la psicoterapia o terapia de conversación. Una de sus vertientes se denomina enraizamiento o grounding que consiste en reconectar con el aquí y el ahora. En estos tiempos de fuerte impacto emocional, confusos y paralizantes, ¿no será cosa de conectar con la realidad, la de verdad, sentarse y hablar, aquí y ahora? Y, además, es gratis.