La coyuntura geopolítica, una prueba para Galicia y sus empresas

La geopolítica ya no es un factor externo, sino un elemento estructural que condiciona la actividad económica, la inversión y la competitividad de las empresas gallegas en todos los sectores

Firma del acuerdo de libre comercio UE-Mercosur en Asunción (Paraguay)

Firma del acuerdo de libre comercio UE-Mercosur en Asunción (Paraguay) – Archivo – Europa Press

El mundo en el que operan nuestras empresas gallegas es hoy más complejo, convulso y geopolíticamente turbulento que en cualquier otro momento de las últimas décadas. La combinación de tensiones comerciales –especialmente entre la Unión Europea y Estados Unidos–, la reconfiguración de alianzas estratégicas, los debates sobre gasto en defensa impulsados por la OTAN, y la negociación de grandes acuerdos comerciales como Mercosur, presenta desafíos y oportunidades que exigen una respuesta firme, pragmática y coordinada desde Galicia y España.

Vivimos un tiempo en el que las decisiones políticas trascienden fronteras y se reflejan de forma directa en las cifras de exportación, en la competitividad de nuestros sectores productivos, y en la capacidad de las empresas para proyectarse internacionalmente. No podemos permitirnos el lujo de quedarnos al margen de estos debates, pues de ellos depende en gran medida el futuro económico de la comunidad autónoma de Galicia.

El primer semestre del año está confirmando una realidad que desde el ámbito empresarial venimos advirtiendo desde hace tiempo: la geopolítica ya no es un factor externo o coyuntural, sino un elemento estructural que condiciona la actividad económica, la inversión y la competitividad de las empresas gallegas en todos los sectores. Conflictos armados, tensiones comerciales, cambios en las alianzas estratégicas y debates sobre seguridad y defensa tienen hoy un impacto directo sobre nuestras exportaciones, nuestras cadenas de suministro y nuestros costes de producción.

Galicia es una economía abierta. Más del 35 % de nuestro PIB está vinculado directa o indirectamente al comercio exterior. Por tanto, cualquier alteración en el marco internacional afecta de forma inmediata al conjunto del tejido productivo, desde la gran industria hasta la pyme exportadora, desde el sector primario hasta los servicios avanzados.

Industria: entre la oportunidad del rearme y el riesgo de costes

El incremento del gasto en defensa en Europa, impulsado por la guerra en Ucrania y los compromisos con la OTAN, ha situado el debate sobre el rearme y la producción industrial vinculada a defensa en el centro de la agenda. España ha alcanzado ya el objetivo del 2% del PIB en gasto en defensa, lo que supone más de 33.000 millones de euros anuales.

Para Galicia, con un tejido industrial sólido en metal, naval, automoción, electrónica, sistemas y servicios industriales, este escenario abre oportunidades claras de integración en cadenas de valor europeas. Sin embargo, desde la CEG insistimos en que este esfuerzo presupuestario debe traducirse en retornos industriales reales, contratos para empresas nacionales y desarrollo tecnológico, evitando una dependencia excesiva de proveedores externos.

Al mismo tiempo, el aumento de la tensión geopolítica está presionando los costes energéticos, logísticos y financieros, lo que afecta especialmente a sectores electrointensivos y exportadores. La competitividad industrial gallega no puede verse erosionada por decisiones estratégicas que no tengan en cuenta su impacto económico.

Agroalimentario y pesca: Mercosur, EE. UU. y competencia desigual

El sector agroalimentario y pesquero, estratégico para Galicia tanto en empleo como en exportación, se enfrenta a un doble desafío. Por un lado, el acuerdo UE–Mercosur, que abre un mercado potencial de más de 700 millones de consumidores y prevé la eliminación de hasta el 90% de los aranceles, representa una oportunidad para productos transformados, bebidas, conservas y tecnología agroindustrial.

Por otro, existe una preocupación legítima por la competencia en condiciones desiguales, especialmente en sectores sensibles como el cárnico, lácteo o determinadas producciones primarias. Desde la CEG compartimos la posición de la CEOE: los acuerdos comerciales deben incluir cláusulas espejo, exigencias sanitarias, medioambientales y laborales equivalentes, y mecanismos de salvaguarda eficaces. “Más absoluto rechazo y máxima preocupación” ante acuerdos arancelarios que imponen aranceles del 15% sobre exportaciones europeas, considerándolos contrarios al libre comercio y generadores de incertidumbre jurídica y competitiva.

En paralelo, la relación comercial con Estados Unidos vuelve a generar incertidumbre. Galicia exporta a EE UU cerca de 800 millones de euros anuales, principalmente en productos industriales y alimentarios, mientras importa más de 1.200 millones, lo que deja un déficit estructural. La amenaza de nuevos aranceles o medidas proteccionistas puede afectar directamente a sectores como el alimentario transformado, el vino, la conserva o los bienes de consumo.

Ante este panorama, una respuesta coordinada entre administraciones públicas, empresas y organizaciones empresariales es clave para diversificar mercados, aumentar la resiliencia exportadora e impulsar acuerdos que eviten la fragmentación del comercio global.

Textil, moda y bienes de consumo: vulnerabilidad arancelaria

El sector textil y de moda, uno de los grandes emblemas de la economía gallega, es especialmente sensible a las tensiones comerciales. Estados Unidos es un mercado clave para marcas gallegas de alcance internacional, y cualquier incremento arancelario tiene un impacto inmediato en márgenes, precios y planificación logística.

Además, la fragmentación del comercio global y la reconfiguración de cadenas de suministro obligan a las empresas a diversificar mercados, reforzar la presencia en Latinoamérica y Asia, y apostar por modelos más resilientes. En este contexto, el acuerdo con Mercosur puede ser una vía de compensación parcial ante un eventual deterioro del mercado estadounidense.

Energía, transición y competitividad

La geopolítica también condiciona el debate energético. La guerra en Ucrania ha acelerado la transición hacia fuentes renovables, pero ha puesto de manifiesto la necesidad de seguridad de suministro y precios competitivos. Galicia, con una posición destacada en renovables, industria energética y potencial en hidrógeno verde, debe jugar un papel activo en esta transición.

No obstante, alertamos de que la transición no puede convertirse en un factor de pérdida de competitividad para la industria. La energía debe ser un vector de atracción de inversión, no un obstáculo añadido en un entorno ya tensionado por costes financieros y regulatorios.

Logística, puertos y comercio exterior

Los puertos gallegos, auténticos nodos del comercio exterior, están sintiendo el impacto de la inestabilidad global: desviación de rutas, aumento de costes logísticos y mayor volatilidad en los flujos comerciales. En el primer semestre del año, muchas empresas han tenido que revisar contratos, plazos y estrategias de aprovisionamiento.

Esto refuerza la necesidad de invertir en infraestructuras, digitalización y conectividad, así como de contar con una política comercial europea fuerte que evite la fragmentación del mercado internacional.

Venezuela, Latinoamérica y diversificación

La situación de Venezuela, aunque con menor peso directo que en el pasado, sigue siendo relevante para determinadas empresas gallegas con implantación histórica en la región. La evolución política y económica del país, junto con el marco de sanciones internacionales, sigue generando inseguridad jurídica.

En este sentido, la diversificación geográfica es clave. Mercosur, México, Chile y otros mercados latinoamericanos deben ser parte de una estrategia activa de internacionalización apoyada por las administraciones.

Galicia cerró 2024 con más de 31.000 millones de euros en exportaciones, un dato que refleja la fortaleza y la vocación internacional de su tejido empresarial. Pero el contexto actual exige más que nunca visión estratégica, estabilidad normativa y una política económica alineada con la realidad empresarial.

Desde la CEG, en línea con la CEOE, defendemos el libre comercio, la seguridad jurídica, la competitividad y una Europa fuerte, capaz de proteger sus intereses sin caer en el proteccionismo. El primer semestre del año ha dejado claro que la geopolítica ya no es un factor externo: es una variable central para la empresa gallega.

Nuestro reto es convertir la incertidumbre en oportunidad, reforzar la resiliencia de nuestros sectores y garantizar que Galicia siga siendo una economía abierta, competitiva y generadora de empleo en un mundo cada vez más complejo.

Historias como esta, en su bandeja de entrada cada mañana.

O apúntese a nuestro  canal de Whatsapp

Deja una respuesta

SUSCRÍBETE A ECONOMÍA DIGITAL

Regístrate con tu email y recibe de forma totalmente gratuita las mejores informaciones de ECONOMÍA DIGITAL antes que el resto

También en nuestro canal de Whatsapp