Cuando al sátrapa le miras a la cara y te da miedo

Hemos confiado una parte de nuestro futuro a Rusia y China, dos autocracias a las que en ningún caso les importa los más mínimo el resto del mundo, que únicamente piensan en sí mismas y en su expansión

Putin y Jinping

Russian President Vladimir Putin (L) and Chinese President Xi Jinping (R) pose for a picture during their meeting in Beijing, China, 04 February 2022. Putin arrived in China on the day of the Beijing 2022 Winter Olympic Games opening ceremony. (Abierto, Rusia) EFE/EPA/ALEXEI DRUZHININ / KREMLIN / SPUTNIK / POOL MANDATORY CREDIT

Hace largo tiempo que no entiendo como casi todo el mundo de Occidente ha tragado y ha permitido convertir a China en la fábrica del mundo y a Rusia en el arsenal nuclear por antonomasia.

Ese pensamiento happy flower que ha invadido a la vieja Europa no nos va a traer más que desgracias, y la invasión de Ucrania no es más que el primer plato del menú. Hemos pensado erróneamente que países gobernados desde tiempos ancestrales por el comunismo, nos iban a comprar por toneladas, en el medio o largo plazo, el jarabe democrático. Pero como podemos comprobar, esto no ha sido así, sino todo lo contrario.

Estos países han aprovechado la oportunidad para aprender, en el caso chino, de los fabricantes occidentales y quedarse con la mayor parte de la tecnología y del know how. El caso ruso es diferente en la forma, que no en el fondo. Urdieron una estrategia basada en las guerras subterfugias y el monopolismo en materia energética aprovechándose claramente de la catarsis ecológica para salvar al mundo que invade a Occidente, sin tener en cuenta otros factores que ahora se han puesto de manifiesto.

Lo cierto es que hemos confiado una parte de nuestro futuro a dos autocracias a las que en ningún caso les importa los más mínimo el resto del mundo, que únicamente piensan en sí mismas y en su expansión.

De aquellos polvos vienen estos lodos cargados de miedo e impotencia, donde todos nos encontramos al albur de los caprichos de un sociópata.

No tenía edad para tener noción sobre lo que supuso la crisis de los misiles cubanos, pero aquello me parece desde la lejanía temporal una “coña mariñeira” al lado de lo que está pasando ahora. Están muriendo personas en Ucrania. Están muriendo civiles y militares al lado de nuestra casa. No se cual es la mejor estrategia para afrontar esto, pero lo que sí sé es que nos pilla en el peor de los momentos con los peores gobernantes posibles. A los hechos me remito.

Reclamo la prevalencia del sentido común y que las personas que entienden de conflictos hagan su trabajo. Cada uno en el área que le corresponda.

Vienen tiempos difíciles. Ya eran difíciles y ahora lo van a ser más, y quienes más los van a sufrir son las gentes más humildes, como siempre.

No creo que Occidente sea un dechado de virtudes y que no hayamos cometido muchos errores, pero yo jamás me fiaría de países que no respetan los derechos humanos, que no votan libremente para elegir a los representantes que les van a gobernar, donde no existe la libertad de pensamiento y de prensa…

Hemos vendido nuestras almas a este tipo de países solamente por dinero

Hemos vendido nuestras almas a este tipo de países solamente por dinero. Por el dumping social que realizan para mejorar los costes de producción de las empresas occidentales que los contratan. Y todo ello a pesar de la lejanía que supone unos altos costes de transporte y distribución, y la complejidad que acarrea esto en la cadena de suministro.

Tiempos nuevos por delante. Nuevas estrategias. Quizá volver a fabricar en la vieja, caduca y trasnochada Europa. Quizá duplicar o triplicar la inversión en I+D+I. Quizá duplicar o triplicar la inversión en defensa y construir un ejército profesional europeo. Quizá también avanzar en la construcción de una policía federal europea para delitos transfronterizos, y con un departamento muy especializado en cibercrimen.

China no puede seguir siendo la fábrica del mundo y Rusia tampoco el refugio de la ciberdelincuencia y el arsenal nuclear.

Siento no poner encima de la mesa una solución, pero sinceramente a mí eso no me toca. Sólo observo y digo que se aproximan tiempos difíciles y complicados, y para salvarlos necesitamos personas con sentido común y alta categoría moral, y de eso en este momento estamos muy, pero que muy escasos.

Lo que más me preocupa es que a este sátrapa cuando le miras a la cara te da miedo.