Adiós a los sobres de kétchup y mayonesa en restaurantes: la nueva norma que entrará en vigor en agosto de 2026

La Unión Europea ha lanzado un nuevo reglamento que pondrá fin a las monodosis en la hostelería con el fin de cumplir estándares ambientales más estrictos

Acudir a un bar o restaurante y utilizar uno de esos sobres de salsas o condimentos para complementar tu comida es una práctica que se lleva haciendo prácticamente desde que el mundo es mundo. Sin embargo, es una práctica que, del mismo modo, tiene los días contados, ya que la Unión Europea ha puesto fecha al fin de los envases monodosis en la hostelería.

Una decisión normativa que, sin lugar a dudas, marcará un antes y un después en el funcionamiento diario de bares, restaurantes y hoteles. A partir de agosto de 2026, los sobres individuales de kétchup, mayonesa, sal, azúcar, aceite y otros condimentos dejarán de estar permitidos cuando el consumo se realice en sala, dentro de una estrategia comunitaria más amplia para reducir residuos plásticos y transformar hábitos de consumo considerados insostenibles.

El nuevo reglamento europeo de envases pone fin a la presencia de las monodosis en bares y restaurantes

Este cambio, a pesar de ello, no será abrupto ni inmediato, ya que la Comisión Europea ha diseñado un calendario progresivo con excepciones y evaluaciones posteriores para permitir que el sector hostelero pueda adaptarse. El objetivo es avanzar hacia un modelo más sostenible sin provocar una ruptura brusca en la operativa diaria de miles de establecimientos que dependen de estos formatos por razones de higiene, control de porciones y rapidez en el servicio.

Ahora bien, partiendo de la base de esta decisión, el marco normativo que sustenta esta transformación es el Reglamento (UE) 2025/40, conocido como PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation). Este texto introduce por primera vez prohibiciones directas y explícitas a determinados formatos de envase, especialmente los de plástico de un solo uso en hostelería y turismo.

Po otro lado, el calendario fijado por el reglamento establece varios hitos clave. En agosto de 2026 entrará en vigor la prohibición de envases de plástico de un solo uso para condimentos, salsas, leche para café y azúcar en hoteles, bares y restaurantes. Posteriormente, en enero de 2030, la restricción se ampliará a todos los envases monodosis de alimentos, cosméticos y productos de higiene.

Finalmente, en febrero de 2032, la Comisión Europea llevará a cabo una evaluación del impacto ambiental y sanitario de estas medidas. No obstante, más allá de todo ello, este texto también contempla excepciones relevantes, como el caso de la comida para llevar y los centros sanitarios o asistenciales, donde estos formatos seguirán estando permitidos.

En lo que respecta a los bares y restaurantes de España, estos cuentan con una vía transitoria que aporta cierto margen al sector, gracias a la Ley 7/2022, que permite el uso de envases monodosis fabricados con plástico compostable certificado, lo cual puede resultar clave en la inclusión de estas medidas adoptadas por la UE.

Esta posibilidad, sin embargo, no supone una autorización generalizada, pero sí ofrece un respiro temporal mientras se desarrollan soluciones definitivas. Eso sí, estos envases deberán cumplir estándares estrictos de compostabilidad y correcta gestión de residuos, lo que evita un corte brusco en el servicio pero obliga a una adaptación progresiva.

¿Cuáles serán los cambios en los hoteles, bares y restaurantes europeos?

Sin embargo, esta medida no solo afectará a los alimentos presentes en monodosis en bares y restaurantes, sino que la medida irá mucho más allá, ya que el impacto de la eliminación de las monodosis será transversal. En el ámbito hotelero, los minibotes de champú, gel o acondicionador deberán sustituirse por dispensadores fijos recargables, una solución que ya está extendida en muchas cadenas.

Ahora bien, volviendo a restaurantes y cafeterías, los sobres de azúcar, leche, mantequilla, mermeladas y salsas darán paso a tarros colectivos, dispensadores higiénicos o envases reutilizables, con el reto añadido de garantizar higiene, control de porciones y seguridad alimentaria.

Además, en el servicio en sala, los vasos y platos de un solo uso deberán reemplazarse por opciones reutilizables, permitiendo en algunos casos que el cliente utilice recipientes propios, siendo esta una de las medidas que más dudas ha generado en lo que respeta a su próxima implantación.

A pesar de todo ello, esta transición no se limita a una imposición normativa, sino que también abre la puerta a nuevas oportunidades. El uso de envases compostables certificados, los sistemas de dispensación recargables o la colaboración con proveedores especializados en bioplásticos pueden reducir costes a medio plazo y reforzar una imagen de marca sostenible, cada vez más valorada por los clientes.

El sector ya ha vivido situaciones similares, como la polémica de las aceiteras irrellenables, que finalmente derivó en soluciones flexibles. Hoy, las reacciones ante la nueva norma son dispares. Algunos hosteleros critican la incoherencia normativa, recordando que las monodosis se impulsaron durante años por motivos de higiene, especialmente tras la pandemia.

Otros tantos, sin embargo, apuestan por alternativas basadas en reciclaje y materiales compostables, más que por prohibiciones absolutas. Es por ello que, a grandes rasgos, el consenso es claro: la normativa vuelve a situar el peso del cumplimiento en el hostelero, mientras el debate sobre la responsabilidad de la cadena de producción y distribución sigue abierto.

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