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El hotel que sedujo a Givenchy esconde el oasis urbano más chic de Madrid
Tras su sobria fachada en Chamberí, un hotel boutique esconde un jardín donde se come con la firma del chef con dos estrellas Michelin Mario Sandoval
El Jardín de Orfila. Foto: Manolo Yllera.
Alejado del relumbrón de los principales núcleos turísticos en los que se asientan los grandes hoteles de lujo de Madrid (el eje Castellana-El Prado y, más recientemente, Sevilla-Puerta del Sol) es posible encontrar joyitas como el Hotel Orfila.
En una calle paralela a Génova, en el elegante barrio de Chamberí, nada parece indicar que tras una discreta fachada podamos encontrar el hotel que lleva 25 años seduciendo a personalidades y celebrities como Hubert de Givenchy o Carolina de Mónaco, pero también a diplomáticos, empresarios y figuras del mundo de la cultura.
Y, sin embargo, basta con franquear sus puertas para comprender por qué tantos han caído rendidos a sus encantos.

Un palacete del siglo XIX al que se accede por la señorial entrada de carruajes y que saluda con pinturas originales del siglo XVII desvela el que se convirtió, hace 25 años, en el primer hotel con el sello Relais & Châteaux de Madrid: el Hotel Orfila (Orfila, 69.
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El primer Relais & Châteaux de Madrid
Ajeno a modas y tendencias, ya sean minimalistas o maximalistas, y a cualquier uniformización que vemos en las grandes cadenas hoteleras, este personalísimo proyecto con tan solo 32 habitaciones sigue sus propias reglas, las que marca con excelente gusto su propietaria y CEO, Verónica García.
Óleos, litografías y retratos históricos de los siglos XVII al XIX, brocados, espejos con hermosos marcos dorados, porcelanas y mármoles, terciopelos y maderas nobles, sillas inspiración veneciana o pañuelos de Loewe enmarcados componen un estimulante interiorismo.

Levantado en 1886 como residencia aristocrática en pleno boom del barrio de Chamberí, abrió sus puertas como hotel en 1999 con diseño de Lorenzo Castillo, que lo nutrió de obras de arte y antigüedades, muchas de ellas de la colección personal de sus propietarios. Así, las estancias se mueven entre la galería privada y una casa vivida donde cada pieza tiene sentido, desde los retratos atribuidas a Vicente López, pintor de cámara de Fernando VII, a la grifería clásica o los papeles pintados de Gastón y Daniela que visten las paredes.
Por su estilo, por su autenticidad o por la tranquilidad espontánea que transmite pese a estar a pocos pasos de Génova y la plaza de Colón, Givenchy lo escogió como su hogar durante los cuatro meses que vivió en Madrid en 2014 mientras preparaba la retrospectiva que le dedicó el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Fue tanto el tiempo que vivió en el hotel que aún se recuerdan muchas de sus anécdotas, incluida la instalación de barandillas para acceder al baño en su suite o la incorporación a la carta de su restaurante de una crema de boletus que el diseñador del vestuario de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes pedía que le preparasen (y que aún hoy se ofrece).


“Cuando iniciamos este proyecto queríamos crear un hotel con alma propia, donde cada huésped sintiera la cercanía y la autenticidad de una verdadera casa”, señala Verónica García. Sin duda, esa personalidad es lo que aprecian los miles de visitantes nacionales e internacionales que lo han visitado estos años.
Un salón de té y una terraza secreta
Además de las suites, todas diferentes, el hotel cuenta con un salón de té, por cierto decorado con óleos de Carlos II y Felipe V y donde se sigue sirviendo el té al estilo inglés, con vajilla clásica, dulces artesanos, pastas y pequeños bocados salados. ¿Qué tal terminar con una copa de champagne? En Chamberí el afternoon tea se puede permite alguna que otra licencia.

El hotel cuenta también con diferentes salas para acoger eventos y reuniones, decoradas con piezas como un cuadro atribuido al pintor Cecilio Pla. Un amplio salón rematado por una cúpula de cristal da acceso a otro de los grandes tesoros del hotel: el Jardín de Orfila.
Presidido por el fresco de un trampantojo de la artista Natalia Lafita, lleno de vegetación y con una fuente francesa del siglo XVIII que regala el fresco murmullo del agua, aquí se puede disfrutar del restaurante de un chef dos estrellas Michelin como es Mario Sandoval.
Producto de una misma sensibilidad, la colaboración entre el hotel y el chef -que también tiene a su cargo la cocina del Heritage, el otro hotel de cinco estrellas que la misma familia posee en Madrid-, han hecho de la cocina de Orfila una apuesta de respeto por el producto, sensibilidad culinaria y conexión con el territorio.

Sandoval -cuyo restaurante Coque también forma parte de Relais & Châteaux- ofrece en el Jardín de Orfila alta cocina entre vegetación y luz tenue, ritmo pausado y una atmósfera serena que convierten cada comida y cada cena en algo especial.
Jardín de Orfila
La carta, muy pegada a los productos de temporada y el producto local, incluye estas últimas semanas antes del otoño propuestas como el salmorejo de mango con virutas de jamón y perlas de aceite de oliva virgen extra, el carpaccio de gamba roja con vinagreta de jalapeño y emulsión de sriracha, la ventresca de atún rojo curada con crema de tomate asado, láminas de almendra marcona y salicornia o la merluza con beurre blanc de cítricos y huevas de truchao el cochinillo confitado con puré de calabaza asada.


Además, el jardín, un auténtico oasis de calma y frescor frente al asfalto, es ideal para un aperitivo con gildas de autor y vermús artesanales como el de frutos rojos e higos, el de manzana verde o el de cítricos, un brunch de domingo, una copa de espumoso o un espresso martini al salir del trabajo o una cena entre velas (se ofrecen los jueves).
Las noches de los jueves vienen con su propio plan: Instantes Orfila, una cita en el jardín bajo una ambientación especial a la luz de las velas para seguir aprovechando las noches de Madrid antes de que el otoño cambie los planes.