El centenario (y elegante) hotel que tiene a Barcelona bajo sus pies
Comer y dormir en el renovado METT Barcelona recuerda aquellos años de esplendor en que el Gran Hotel La Florida era el sitio favorito de la alta burguesía local
El hotel conserva su elegante estética noucentista. Foto: METT Barcelona.
Lo de tener a Barcelona a los pies no es una metáfora: es literal. Este es el hotel más alto de la ciudad condal, situado a unos 500 metros sobre el nivel del mar, a un tiro de piedra del parque de atracciones del Tibidabo. De hecho, a cualquier hora del día, desde las terrazas del establecimiento no deja de tener su gracia escuchar los gritos de quienes sienten la adrenalina de la montaña rusa o de la torre de caída libre.
El hotel METT Barcelona ha cumplido cien años y, además de ser uno de los más longevos de la capital catalana, es un emblema de la historia de la ciudad. Por sus salones y habitaciones han pasado personalidades de ayer, como Rock Hudson o Ernest Hemingway; y de hoy, como Barack Obama, Tom Hanks y Bruce Springsteen (siempre recuerdo la historia de que el Boss prefería dormir aquí y mandaba a los músicos de la E Street Band a otro hotel).
La historia desde las alturas
En uno de los pasillos, las paredes están tapizadas de fotos en blanco y negro que recuerdan hitos de su historia. Inaugurado en 1925, el Gran Hotel La Florida fue una de las piezas clave de la urbanización que impulsó el farmacéutico y empresario Salvador Andreu i Grau en el Tibidabo, donde el hotel y el parque de atracciones eran el punto de recreo y socialización de la alta burguesía local.


Ahí se ven imágenes del tranvía azul y del funicular que acercaban a los huéspedes, y del edificio diseñado por Ramon Raventós rodeado de andamios, mientras tomaba forma esa estructura de fachada blanca, grandes terrazas y torres angulares que se convertiría en el mejor balcón de la ciudad, con el Mediterráneo como telón de fondo.
La Guerra Civil truncó su camino y lo convirtió en hospital militar. Tras la contienda, en 1950 recuperó su función hotelera y su esplendor, una época dorada que se prolongó hasta 1979, cuando cerró y quedó abandonado durante más de dos décadas.
La nueva etapa
El cambio de siglo trajo la segunda resurrección: tras una profunda renovación, reabrió recuperando elementos decorativos originales, pero con una estética moderna.

El último giro de su historia llegó el año pasado, cuando reabrió como METT Barcelona de la mano de Sunset Hospitality Group, que se encarga de su gestión, tras una inversión de unos 15 millones de euros. Así se presenta este establecimiento de 70 habitaciones, reciente ganador de una Llave Michelin, donde la tradición dialoga con la modernidad y que mantiene el glamour de sus años dorados con un atractivo toque contemporáneo.
La última resurrección del Gran Hotel La Florida se produjo en 2025, cuando reabrió transformado en METT Barcelona tras una inversión de 15 millones de euros
Así lo vimos nada más entrar en nuestra suite, ubicada en la última planta de una de las torres. Por las ventanas se desplegaba el tapiz urbano de Barcelona y el Maresme, con las laderas de Collserola a la izquierda y el parque del Tibidabo, con sus luces, a la derecha. En la habitación, con detalles como un kit de coctelería y amenities de la firma francesa Botanyc, se aprecian huellas centenarias como el artesonado del techo, que seguramente rodeaba una lámpara de araña.


Relax con estilo
Hay otras habitaciones de más categoría, como las Signature Suites de 70 metros cuadrados con zonas de estar independientes, las que cuentan con piscina privada o las que tienen balcones propios con vistas panorámicas.
Sea uno huésped o no, las terrazas escalonadas son la mejor atalaya para desconectar y contemplar la ciudad hasta donde alcanza la vista.
Quizá a estas alturas del año, cuando el calor va en retroceso, haya pocos entusiastas de lanzarse a la piscina infinita, pero les aseguro que la experiencia es fantástica. Este espejo de agua se extiende hacia el interior del edificio, donde conecta con un jacuzzi y con el Valmont Red Carpet Spa, el centro de bienestar donde el relax permite, de verdad, olvidarse del mundo gracias a sus tratamientos faciales y corporales, que utilizan “la innovación cosmética más vanguardista”, nos apuntan.

Las experiencias gastronómicas
Este puente entre el pasado y el presente también se percibe en los salones del hotel. Basta fijarse en los detalles modernistas del ascensor o en la elegancia de estancias como el Florida Lounge by Lladró, que cuenta con una barra de coctelería propia y donde la generosidad de los espacios y los amplios sillones invitan a dejar pasar las horas entre obras de arte, lámparas de diseño y las figuras de porcelana de esta famosa casa de objetos de lujo.
La gastronomía es uno de los hitos de cualquier visita al METT Barcelona. El hotel cuenta con dos grandes espacios: el restaurante Albarada y la coctelería 1925 Vermutería. Ambos extienden sus mesas por las terrazas, donde todo el mundo parece estar en un café de París, siempre mirando en la misma dirección.
Albarada presenta una carta breve, de inspiración mediterránea, con productos de proximidad y marcados por la temporada. De hecho, en nuestra visita probamos platos como el bogavante azul con tomate y salsa de marisco, el pulpo con hummus de piquillo y granada y una exquisita dorada con aceite de oliva; propuestas que dialogan con el arroz de marisco con gambas y almejas, el rodaballo a la brasa, la chuleta de cerdo o la potente chuleta de vaca vieja. Entrantes como el pez limón marinado, las gambas rojas a la plancha, el steak tartar de vaca o las recomendables alcachofas fritas evidencian la presencia del Mediterráneo y de los huertos catalanes en cada plato.

Cócteles en las terrazas
Aquí se puede brindar con una interesante selección de vinos o con los cócteles de autor, como comprobamos con el Tiki-Dabo y el Adonis, mientras la noche cambiaba de tono con la música en vivo.
Estas experiencias también se pueden vivir, aunque con otro registro, en 1925 Vermutería, que, como adelanta su nombre, ofrece varias preparaciones que tienen a ese vino dulce como eje de sabrosos cócteles de autor. Aquí se sirven además platillos más ligeros, una buena opción para el terraceo del mediodía, como la ensalada de tomates de temporada y olivas, las patatas bravas, el rollo de bogavante y el pepito de ternera, entre otros.

Al estar ubicado en la cima de la montaña más alta de Barcelona, ni el METT ni sus restaurantes son sitios a los que uno llegue de casualidad o porque le quedan de paso. Venir a comer o a dormir es un programa en sí mismo, una experiencia que permite revivir la elegancia de un hotel centenario que forjó la historia de Barcelona.