Tierra Brava, cocina de mercado y un giro a las tradiciones catalanas

El restaurante ubicado junto al Mercado del Ninot, en Barcelona, se renueva sin perder su apuesta por los arroces, los entrantes para compartir y los platos con ingredientes de las paradas vecinas

Platillos para compartir y disfrutar. Foto: Tierra Brava.

La frescura. Esa es la clave. Cuando uno va a comer a los restaurantes de los mercados, sabe que tiene a favor la calidad de los productos y el sabor que les otorga haber llegado hace pocas horas a los puestos de venta. Muchos de estos locales suelen ser barras con taburetes altos, con el hilo musical de los gritos y las charlas de comerciantes y clientes.

Pero hay excepciones, como es el caso de Tierra Brava (Casanova 133, Barcelona), un restaurante ubicado bajo la estructura del Mercado del Ninot, en el barrio del Eixample Esquerra, pero que tiene su entrada independiente y sus paredes divisorias. Es decir, si no fuera por las vigas de hierro del techo y una ventana que da a las paradas, uno jamás se daría cuenta de que está dentro del mercado.

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Si no fuera por la ventana, no sabríamos que estamos en un mercado. Foto: Maria Algara Photography.
La barra da la bienvenida al local. Foto: Tierra Brava.

Una nueva etapa

El local fue renovado hace poco, ahora con una estética en la que el rojo de las paredes fue reemplazado por un verde inglés más discreto, que dialoga con las lámparas de luces cálidas y los cuadros que presumen de modernidad. También hubo un interesante giro en su carta, aunque no han renunciado a las raíces: productos del mercado, ingredientes de temporada, cocina tradicional pero con un guiño a las nuevas tendencias.

Ya que estamos en un mercado, pidamos productos de mar y tierra (y arroces a la brasa)

Una barra central da la bienvenida, un sitio para amenizar un encuentro previo con la docena de cócteles de autor que ofrecen, de los cuales hemos probado los interesantes Sonora (Tequila 1800, lima, jalapeño, miel de agave y espuma de higo chumbo) y Bruma (gin Lilou, gin Mare, Saint Germain, lima y tónica), y que en la cena fueron relevados por el Tierra (ron Santa Teresa Reserva, whisky, fino sherry, boletus y vainilla) y el Spritzberry (Campari, fresa, vermut seco, bergamota y cava).

Productos de mercado y de temporada, una buena combinación Foto: Tierra Brava.

También hay una interesante selección de vinos, sobre todo de DO de España, como Terra Alta, Penedès, Montsant, Rueda, Rías Baixas, Ribera del Duero y Rioja, entre otras; por si quieren tenerlo en cuenta.

Platos con la garantía del mercado

El tapeo tiene un lugar preponderante, con una veintena de platillos, de los cuales hay que probar sí o sí la pizzeta de fontina con huevo y aceite de trufa, todo un clásico de la casa, así como las croquetas (de chuletón o de berenjena con tomate seco y parmesano), la ensaladilla rusa de pollo al ast, las alitas al estilo coreano, la calabaza a la brasa con hummus, el exquisito brioche de rabo de toro y mayonesa trufada, o el pepito de solomillo con holandesa. Cada mes van variando las gildas, como la sorprendente combinación de pulpo con queso manchego y chimichurri.

Los arroces a la brasa son de degustación obligada. Foto: Tierra Brava.

La brasa es el método que reina, y por ello aquí se recomienda probar arroces cocinados por los leños, como el del señoret, el de butifarra con perol y setas, o el de verduras.

Pero si se está en un mercado, otra buena idea es apostar por los productos de mar y tierra, como los calamares a la brasa, el steak tartar, la butifarra esparracada con alubias de Santa Pau, el entrecot con salsa Café París o la hamburguesa madurada con salsa secreta. Y si uno es más de pastas, atención al rigatoni trufado y el canelón de rustit con trompetas de la muerte.

Deliciosa la torrija con helado de vainilla. Foto: Tierra Brava.

Los postres se alinean con las tendencias actuales, como la tarta de queso con frutos rojos, el flan con palomitas garrapiñadas (solo para muy amantes de lo dulce), la torrija con crema inglesa o el coulant de avellana y helado de vainilla.

Es un lugar para comer o cenar sin prisas, para estirar la sobremesa, como una vuelta a las costumbres que siempre es bueno recuperar, como la de volver a comprar en los mercados.

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