Finca Nebot, el restaurante que mira al futuro rescatando las recetas del pasado
Este nuevo restaurante del barrio de Poblenou, en Barcelona, explora recetas perdidas en el tiempo para recuperar el recuerdo del buen comer familiar
1. La decoración es un homenaje al pasado de Poblenou. Foto: Finca Nebot.
Poblenou, uno de los barrios de Barcelona que más rápido está cambiando en las últimas décadas, cuenta con varios rincones que enfrentan la gentrificación con resistencia numantina, que buscan volver a las raíces y los recuerdos familiares, que se diferencian de otros locales que apuestan por dejar contentos a los turistas que apenas saben dónde están parados.
En ese primer grupo se encuentra el flamante Finca Nebot, abierto hace pocas semanas en un sitio muy particular: sobre la calle Pujades 133 poco antes de llegar a la esquina de Roc Boronat, se encuentra a un lado de un pasaje que parece extraído de un pueblo andaluz, con sus fachadas encaladas en blanco. Este es uno de los testigos de la improvisada urbanización que tuvo este barrio a fines del siglo XIX, cuando las fábricas textiles crecieron como setas, lo que le valió el apodo del Mánchester catalán.
El homenaje a los que dieron forma al barrio
Leo Chechelnitskiy, impulsor del restaurante, buscó honrar a ese pasado con un local decorado con guiños a los indianos, ese puñado de inmigrantes que volvieron de las Américas con sus bolsillos llenos y con deseos de invertir en su tierra natal. De hecho, el nombre rescata al antiguo local de comidas de la familia Nebot, que ya existía hace 60 años.

Pero este homenaje al ayer no solo se refleja en la estética, sino también en los platos que llegan a las mesas, donde este empresario junto con el chef ejecutivo Alfredo Samaniego y con Josué Dávila de León han hecho un trabajo de arqueología del sabor, para rescatar del olvido recetas de la primera mitad del siglo XX, como las creadas por la Marquesa de Parabere (seudónimo de la gastrónoma María Mestayer de Echagüe), el chef Josep Rondissoni o el cocinero Ignasi Doménech, de La Teca, entre otros.
Tanto el nombre del restaurante como la carta y hasta la decoración de Finca Nebot rinden homenaje a las raíces de Poblenou
Volver al pasado
Son esos sabores que, a pesar de la preparación adaptada a esta parte del siglo XXI, a muchos le harán viajar al pasado familiar, tal como le sucede al crítico de Ratattouile. Así lo vimos con los huevos a la mimosa con ventresca de atún y huevas de salmón, con la coca de escalivada con sardina ahumada y con el mollete de calamar a la romana (uno de los puntos más alto de la carta de aperitivos).

Aquí el producto de temporada es el que manda, por lo que no hay que extrañarse si uno regresa al cabo de pocos meses y varios platos han sido reemplazado. Por ello, en esta primavera se sugiere probar el espárrago blanco de Navarra con salsa maltesa (variación de la salsa holandesa) y crumble de almendra; así como la oreja frita con salsa finca o el fricandó a la muda, con un sabroso guiso de lengua de ternera cocinado a baja temperatura.
Sabores de mar y montaña
Ya en platos de más proteínas y calorías, hay que destacar al bacalao con cremoso de huevo frito y migas (con trocitos de chorizo), así como a la costilla de ternera también preparada a baja temperatura, a unos 85º, que permiten que la carne se desmenuce fácilmente con la cuchara. “Si no queda el hueso limpio, le cambio el plato”, avisa medio en broma medio en serio el jefe de sala Rafa Mimoso, quien aporta su dilatada experiencia en restaurantes clásicos como el Botafumeiro o el 7 Portes.

¿Más sugerencias? Pues apunten: el canelón a la Rossini, las closques de mar (recuerdo de los chiringuitos de la Barceloneta, donde dialogan los pescados y mariscos de la sarsuela), el arroz con setas y butifarra, el lingote de cordero, o el martillo de ternera a baja temperatura, entre otros.
Con unas cien referencias, la bodega tiene vinos de calidad media y alta para dejar a todos contentos, donde además de las DO catalanas y de otras regiones de España, también hay varias joyas de diferentes latitudes.

Este es el quinto restaurante del grupo No Hay Mañana, donde Chechelnitskiy y compañía mantienen el hilo conductor de una cocina honesta, que rescata lo mejor del pasado, no para vivir de la nostalgia, sino para lograr que el presente sea un poco más feliz.