Carracedo, ministro de Universidades

Uno de los nuestros contra lo nuestro, pidiendo una reforma radical de contenidos y métodos en la Universidad: suponemos a Anxo Carracedo harto ya de ver como su institución más querida, su casa, se encuentra en un estado agónico que no parece tener síntomas de mejora

El catedrático Ángel Carracedo

El catedrático Ángel Carracedo / EFE

A uno de nuestro egregios científicos, nacido en Santa Comba, de talla mundial, le acaban de conceder una distinción, una más; un doctorado “honoris causa” pasa a engrosar la ya larga lista de reconocimientos que avalan la trayectoria del reconocido genetista Ángel María Carracedo Álvarez, Anxo Carracedo.

En su disertación de agradecimiento, este humilde profesor universitario convertido en sabio lanzó una diatriba contra el sistema universitario español, llegando a calificarlo de obsoleto, encontrándose necesitado de “unha reforma radical en contidos e métodos”. Uno de los nuestros contra lo nuestro. Lo suponemos harto ya de ver como su institución más querida, su casa, se encuentra en un estado agónico que no parece tener síntomas de mejora.

Datos, datos, datos

Como layarse, sin más, no tiene vocación práctica, y centrándonos más en “o noso”, vamos a hacer un repaso de algunos datos relevantes aplicables a la Universidad española y gallega, tanto a la pública como a la privada. Huimos así de las recurrentes críticas sobre la inutilidad de la institución para lograr la inserción laboral (¿alguien podría detectar la gran oferta de trabajo de un paleontólogo o de un astrofísico?) De este modo:

  • En España hay, en la actualidad, 88 universidades, de las cuales 50 son públicas y 38 privadas. Y, en concreto, Galicia alberga cinco, tres públicas y dos privadas, además de cinco escuelas de negocio, ninguna verdaderamente representativa; todo ello para un población que no llega a los 2.700.000 habitantes. Solo en Bogotá, existen 114 universidades; en Nueva York 83 y en Finlandia 41. ¿Cuál es el modelo español?
  • En el presente año 2022, la EBAU, en su primera convocatoria, arroja una cifra escandalosamente contradictoria: un 95,5% de los presentados, la supera. Buena decisión haberle cambiado el nombre, porque como tal, selectividad hay poca. Para este viaje, no se necesitaba tanta alforja.
  • Las notas de corte para la entrada en las facultades se parecen, cada vez más, a resultados de pruebas atléticas de saltos de altura. En concreto, en este año 2022, la nota de corte en dobles grados de Matemática e Informática supera los 13 puntos sobre 14. Habiendo como hay un déficit más que obvio de tecnólogos, mantener una nota de corte de esas características, no favorece que haya cada vez más profesionales en el mercado.
  • Los egresados, gallegos y españoles, son muy valorados en el extranjero, en especial en carreras técnicas y científicas. Tanta generosidad es ya legendaria. Mientras, en nuestro país, la tasa de empleo de titulados universitarios en puestos de baja cualificación es del 36%, la más alta de toda Europa.

La Universidad actual en España, heredera de la concebida durante la época napoleónica, sigue considerando que la dificultad de entrada conlleva el éxito

Y la alegación a que la dificultad en la inserción universitaria supone una garantía de calidad, es un pensamiento propio del siglo XIX; pero muy a principios. La Universidad actual en España, heredera de la concebida durante la época napoleónica, sigue considerando que la dificultad de entrada conlleva el éxito. Se suele decir que frente a los sistemas universitarios realmente exitosos, por muy demostrado que está, donde es difícil entrar pero muy fácil salir (como ejemplo, las carreras de tres años y no los teologales cinco años ya superados), en realidad en el modelo español ocurre al contrario: es fácil entrar (lo demuestran las cifras de la EBAU, se diga lo que se diga) y muy difícil salir (el fracaso universitario ronda el 30%, estimando fuentes ministeriales que supone unas pérdida anuales de 974 millones de euros). Lo que no completa la oferta pública (más de 180 grados son los ofertados en Galicia), lo ofrece la privada; inexplicable.

La solución, en la genética.

Ante esta situación tan calamitosa, con ya varios ministros dedicados en cuerpo y alma a la Universidad (curioso que habiendo cuatro ministerios que velen por el conocimiento, Cultura y Deporte, Ciencia e Innovación, Educación y Formación Profesional y Universidades, el resultado no sea precisamente muy brillante) y no habiendo sido muy fructífera esta disgregación, al menos por ahora, proponemos mantener el ministerio pero que pase a manos de nuestro Carracedo, experto en genética molecular forense. Nadie mejor que él para resucitar a un muerto.