Los accidentes de tren en España ponen bajo lupa la seguridad ferroviaria
Una semana negra para el ferrocarril que ha causado estragos hasta en 5 comunidades autónomas diferentes
Una semana negra para el ferrocarril en España
España vive una de sus semanas más difíciles en materia ferroviaria de las últimas décadas. En apenas cinco días, una sucesión de incidentes, desde tragedias con decenas de víctimas hasta colisiones y descarrilamientos menos graves, ha puesto en evidencia fallos puntuales y estructurales en la red ferroviaria del país, desatando debates políticos, convocatorias de huelga y una profunda inquietud social por la seguridad de este medio de transporte.
Adamuz (Córdoba): la tragedia que marcó la semana
El inicio de la crisis se remonta al pasado 18 de enero, cuando un tren de alta velocidad de la compañía Iryo descarriló en un tramo entre Adamuz y Villanueva de Córdoba, en la provincia de Córdoba. La formación, que cubría el trayecto Málaga–Madrid, se salió de la vía e invadió el carril contrario, chocando frontalmente con un tren Alvia de Renfe que circulaba en sentido opuesto.
Según datos oficiales, 45 personas han muerto y casi 300 resultaron heridas, de las cuales decenas aún permanecen hospitalizadas, algunas en estado crítico, tras el peor accidente ferroviario en España desde 2013 y uno de los más graves de la historia reciente.
Las autoridades han señalado que la investigación está en sus fases iniciales, con especial atención a un posible fallo en la infraestructura de la vía, donde se detectaron marcas sospechosas y un «corte limpio», según El País, en el carril que podría haber desencadenado el descarrilamiento.
El impacto del accidente ha sido tal que se decretó duelo nacional, limitándose la velocidad en varias líneas ferroviarias. Como era de esperar, han surgido críticas cruzadas entre sindicatos, partidos políticos y el propio Gobierno sobre la gestión del mantenimiento y la seguridad del sistema ferroviario.
Gelida (Barcelona): un muro, una vida y decenas de heridos
Apenas dos días después, el 20 de enero, un tren de la red de Rodalies de Catalunya se vio envuelto en otro siniestro cerca de Gelida (Barcelona) cuando un muro de contención de la autopista colapsó sobre las vías debido a las fuertes lluvias del temporal de estos días.
El impacto provocó el descarrilamiento del tren, la muerte de un joven maquinista en prácticas y más de 37 pasajeros heridos, varios de ellos con lesiones graves. Este accidente, ocurrido ya entrada la noche, ha obligado a suspender el servicio de Rodalies en toda la red durante varios días, mientras se inspeccionaban las líneas afectadas y se evaluaban los daños.
Tanto usuarios como colectivos ferroviarios, según El País, han señalado que las inclemencias meterológicas no deberían por sí solas causar un desastre de este tipo y han exigido respuestas claras tanto en mantenimiento como en protocolos de seguridad ante condiciones extremas.

Cartagena (Murcia): choque con una grúa y heridos leves
Mientras todavía se evaluaban las secuelas de los accidentes de Adamuz y Gelida, un tren de pasajeros de vía estrecha FEVE que circulaba entre Cartagena y Los Nietos chocó contra el brazo de una grúa de construcción que invadió el gálibo ferroviario cerca de Alumbres.
A bordo iban 16 personas y, aunque el tren no llegó a descarrilar, seis pasajeros resultaron heridos leves, según El País. La mayoría de las lesiones debido a algunos cortes o crisis de ansiedad, y que inmediatamente fueron trasladados a centros hospitalarios de Cartagena.
El impacto también rompió parte del cristal de uno de los vagones y obligó a interrumpir temporalmente el tráfico en ese tramo, aunque el servicio se restableció al poco tiempo después de una inspección técnica de ADIF.
Asturias: desprendimiento de piedras daña un Cercanías
Durante el mismo día, en el otro extremo de la Península, un tren de cercanías en Asturias sufrió un incidente al salir de un túnel a la altura de Padrún, cuando un desprendimiento de piedras impactó contra la parte frontal del convoy. No hubo heridos que lamentar, pero el tren tuvo que ser retirado y el servicio se vio interrumpido temporalmente entre Ablaña y Olloniego, según Cadena SER, con un plan alternativo de transporte por carretera para los pasajeros afectados.
El suceso, más leve en comparación con los anteriores, se suma sin embargo a la sensación de una red bajo presión y vulnerabilidad, sobre todo en tramos cercanos a zonas montañosas o expuestas a eventos naturales.
Tenerife: un tranvía, un descarrilamiento y atención sanitaria
Aunque no se trata de una línea ferroviaria convencional como las anteriores, también en Tenerife se registró esta semana un accidente relacionado con el transporte sobre rieles. Un tranvía que circulaba por Santa Cruz descarriló tras una colisión con un autobús cerca de la zona de Taco, alrededor de las 17:20 h de la tarde.
Por fortuna, el incidente no dejó heridos graves. Los equipos de emergencia atendieron a algunas personas en el lugar, principalmente por crisis de ansiedad o atención primaria, y el servicio fue reestablecido tras retirar el vehículo afectado de la vía según Radio Televisión Canaria.
Si bien este suceso no está directamente relacionado con la red ferroviaria de larga distancia ni con trenes de alta velocidad, se ha reflejado en la conversación pública como un símbolo más de una “semana difícil” para todos los sistemas de transporte sobre rieles en España.
Un futuro incierto y con muchas dudas
La acumulación de accidentes ha generado un debate profundo sobre el estado del ferrocarril español. El principal sindicato de maquinistas, SEMAF, ha convocado una huelga general en todo el sector ferroviario para los días 9, 10 y 11 de febrero, según El País, exigiendo inversión en seguridad, mantenimiento y modernización de la infraestructura.
El Gobierno y las autoridades técnicas han defendido que se están tomando medidas para reforzar la seguridad, aunque admiten que las investigaciones, especialmente en el caso de Adamuz, podrían prolongarse meses antes de arrojar conclusiones definitivas.
Mientras tanto, la sociedad española enfrenta el reto de recuperar la confianza en un medio de transporte que, estadísticamente, sigue siendo más seguro que el automóvil, pero que esta semana ha mostrado grietas en sus engranajes más esenciales.