El cambio de paradigma del turismo en España deja en jaque a la hostelería

Hosteleros de distintos puntos de España denuncian un cambio en los hábitos de los turistas, que han dejado de lado las terrazas para apostar por bocadillos en la playa

Archivo – Terrazas de hostelería en Bilbao

El turismo en España, tradicional motor económico y social de regiones como Baleares, Canarias o la Costa del Sol, está experimentando un cambio de paradigma que empieza a hacerse visible en las calles y, sobre todo, en las terrazas de bares y cafeterías, provocado principalmente por el aumento en los precios de los bares en las zonas de coste.

Un aumento en los precios de las cartas que provoca que cada vez más visitantes opten por comprar bocadillos y bebidas en supermercados en lugar de consumir en los establecimientos hosteleros. La escena se repite en destinos de sol y playa: grupos de turistas cargando bolsas del súper, que luego disfrutan en playas o apartamentos turísticos, tal y como han recalcado diversos hosteleros en varias entrevistas realizadas a El Economista.

Los precios de la hostelería en España, en el centro del debate

El motivo más señalado por hosteleros y turistas es el alto precio de las terrazas en las zonas costeras. Pagar cuatro euros por un café con leche o más de 10 euros por un simple bocadillo se ha convertido en un gasto difícil de asumir para muchos viajeros, especialmente para quienes alargan sus estancias en apartamentos turísticos o en alquileres vacacionales.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística los precios en hoteles, restaurantes y cafeterías en Baleares han subido hasta un 30% desde 2019, un incremento que refleja tanto el encarecimiento de materias primas como de alquileres y energía. Nosotros también sufrimos esta inflación”, explica un hostelero de Sóller, que reconoce que no puede bajar los precios sin poner en riesgo la viabilidad de su negocio.

Sin embargo, a pesar de este cambio de paradigma, el cambio en los hábitos de consumo no significa que haya menos turistas. De hecho, las cifras de llegadas a destinos como Mallorca o Tenerife se mantienen en niveles récord. Lo que sí se nota es que el gasto en bares y restaurantes ha caído entre un 6% y un 8%, y en algunos casos llega hasta un 30%.

“Antes los clientes pedían tapas, platos combinados o menús; ahora muchos vienen solo a beber algo, y en muchos casos ni eso. Prefieren llevarse comida del supermercado”, comenta la encargada de un restaurante en un hotel de la Serra de Tramuntana. El testimonio se repite: turistas con bocadillos, refrescos y fruta en la playa, mientras las terrazas permanecen medio vacías.

El precio de los alquileres turísticos, otro gran objeto de debate

Por otro lado, otra de las claves detrás de esta transformación es el auge del alquiler turístico. Quienes optan por esta fórmula suelen ser viajeros de perfil más económico que buscan ahorrar en la estancia y en la comida, aprovechando la cocina de los apartamentos para preparar desayunos o cenas.

Tal es así, que la proliferación de este modelo también ha tenido un efecto indirecto en los precios, ya que ha encarecido notablemente el acceso a la vivienda en destinos muy demandados. Esta situación, señalan colectivos vecinales, repercute en la pérdida de hospitalidad local y en una percepción cada vez más negativa del turismo masivo.

Ppor ello, hosteleros veteranos aseguran que no se trata tanto de una reducción del número de visitantes, sino de un cambio en la forma de viajar. El modelo del “todo incluido” o del “desayuno en la terraza” se está sustituyendo por una opción más práctica y económica: preparar la comida en el alojamiento o comprar en cadenas de supermercados locales.

Una tendencia que, sin embargo, no es exclusiva de Baleares. En la Costa del Sol, Alicante o las islas Canarias, se registran comportamientos similares. “Antes el turista medio venía a consumir, ahora viene a gastar lo justo y a disfrutar del destino sin pasar tanto por caja”, resume un camarero malagueño.

Frente a este panorama, los bares y restaurantes buscan fórmulas para adaptarse. Algunos han empezado a ofrecer desayunos económicos o productos de menor calidad a precios más bajos, con el objetivo de atraer a quienes de otro modo se irían al supermercado. Otros intentan fidelizar con experiencias más auténticas, apostando por la gastronomía local y diferenciándose de la comida rápida.

Todo ello refleja que el turismo en España no pierde fuerza, pero sí cambia su forma de expresarse. Lo que antes era sinónimo de terrazas llenas y consumiciones constantes hoy empieza a convertirse en un modelo más austero, marcado por la inflación, el auge del alquiler turístico y un nuevo perfil de visitante que busca ahorrar en cada detalle.

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