Cuáles son los costes que se esconden en la tarifa eléctrica regulada

Sólo el 35% cubre el coste de producción. El resto son impuestos, márgenes de comercialización y peajes, entre otros conceptos

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La tarifa eléctrica regulada, a la que están acogidos doce millones de hogares, sigue siendo una gran desconocida a pesar de la polémica por la brusca subida de la electricidad en el mercado mayorista.

De hecho, muchas veces se ha confundido la evolución del precio en el mercado mayorista -en el que las comercializadoras compran la electricidad a las generadoras- con el comportamiento de la tarifa regulada, denominada ahora Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC).

Si se apartan los contratos de suministro firmados por los consumidores que están en el mercado libre -unos trece millones-, el primer dato a destacar es que el coste de producción representa tan sólo el 35 % de la tarifa regulada.

El 65 % restante corresponde a impuestos (IVA y el impuesto de electricidad), el margen de comercialización, el alquiler del contador y, sobre todo, a los llamados peajes de acceso, que suponen en torno al 40 % del recibo de la luz, coste que es fijado por el Gobierno.

Aunque los peajes están congelados e incluso bajaron en 2016, no faltan los expertos que cuestionan algunos de los conceptos que engloban.

Los costes regulados multiplican la tarifa final

Por ejemplo, el capítulo de costes regulados incluye el pago de dos actividades necesarias para acercar la electricidad a hogares y empresas: el transporte desde las centrales hasta las subestaciones, de la que se ocupa Red Eléctrica de España (REE); y la distribución, que la reparte entre los consumidores finales.

Pero en los costes regulados también se encuentran las primas a las energías renovables; la compensación a los sistemas extrapeninsulares (Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla) por sus mayores costes de producción; la recuperación del déficit tarifario acumulado en ejercicios anteriores; los pagos por capacidad -para que siempre haya centrales de reserva-, y la financiación de la ‘interrumpibilidad’ (el descuento aplicado a las empresas a las que se puede cortar la luz en caso de necesidad).

Si se eliminaran algunos de estos conceptos, la tarifa regulada bajaría sensiblemente, pero habría que determinar de qué forma se pagarían, por ejemplo, las primas a las renovables.

El déficit tarifario es una gigantesca cuenta pendiente que están asumiendo los consumidores. Es una bola de deuda de más de 20.000 millones de euros que empezó a gestarse en los gobiernos de José María Aznar por la decisión de no subir la tarifa más del 2 % durante varios años, y que se disparó con la política de ayudas a las renovables en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Esa pesada mochila se sigue pagando a través de la tarifa, aunque la reforma energética acometida por el Gobierno ha conseguido eliminar el déficit.

Las razones del precio desbocado en el mercado mayorista 

Sin embargo, lo que ha disparado la polémica en las últimas semanas ha sido la subida del precio de la electricidad en el mercado mayorista.

Es cierto que hubo razones climáticas, como la ola de frío que ha disparado la demanda; la ausencia de agua y viento, que ha obligado a utilizar centrales más caras; el encarecimiento del petróleo y el gas natural, y el parón de varias nucleares francesas. Pero tanto el Ministerio de Energía como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) analizan si, además, ha habido algún comportamiento anticompetitivo por parte de los agentes del sector.

El hecho de que el precio eléctrico mayorista lo marque la central más cara que entra en funcionamiento ha acaparado las críticas, y algunos expertos proponen sacar del pool a las plantas que no tienen costes variables, como las nucleares, las hidroeléctricas y las eólicas.

El Gobierno ha repetido que este modelo marginalista es el más común en el mundo y que no existen demasiadas alternativas, mientras que el Ministerio de Energía sí ha tomado medidas para aumentar la competencia en el mercado gasista y conseguir precios más competitivos.

A partir de ahora se espera que los precios de la electricidad se moderen a medida que suban las temperaturas, vuelva a soplar el viento y, si hay suerte, que llueva.

 

Economía Digital

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