Sabores mediterráneos para disfrutar en Barceloneta

El barrio marítimo de Barcelona conserva, a pesar de la gentrificación, sitios que mantienen la tradición de arroces y frutos del mar, como estos restaurantes

Dos locales que honran las tradiciones de la Barceloneta. Foto: Maria Algara Photography.

Llevo casi 25 años en Barcelona, y uno de los barrios que más rápido he visto transformarse es Barceloneta. Este rincón de trazado triangular, que desde el aire parece un código de barras, ha sido durante generaciones el hogar de pescadores y obreros. Pero el turismo está cambiando velozmente su fisonomía, lo que ha llevado, es cierto, a la apertura de muchos locales; pero también al cierre de establecimientos históricos y emblemáticos.

Por suerte hay un puñado de sitios que resisten, y otros que son nuevos pero buscan respetar la tradición marítima en sus cartas. Veamos dos ejemplos.

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Brisa

Este restaurante, perteneciente al grupo Somos Esencia, se encuentra en una de las pasarelas más concurridas de Barceloneta, en los bajos del Palau del Mar. El edificio de ladrillo visto, antiguamente unos almacenes portuarios, fue rehabilitado en los años 90 y desde 1996 aloja el Museo de Historia de Cataluña.

Brisa cuenta con una terraza interna con abundante vegetación. Foto: Maria Algara Photography.

En los bajos hay varios restaurantes, y en el caso de Brisa (Plaça de Pau Vila, 1), sus amplios ventanales con vistas al Port Vell permiten ver la riada de visitantes como quien contempla una película permanente. Precisamente, hay un par de rasgos que lo diferencian de otros locales cercanos: uno es que aquí se viene a comer sin prisas, a estirar la sobremesa entre conversaciones intrascendentes o disfrutando de las panorámicas del puerto.

El otro rasgo es que su interiorismo no busca la difusión en redes sociales, sino que homenajea a la herencia portuaria: el arquitecto Dani Freixes (Premio Nacional de Diseño) plantea una idea de jardín junto al mar, con una terraza cubierta —además de la sala interior— con abundante vegetación, como un brezo y un olivo, uso de madera y fibras naturales, y detalles como una nevera industrial que tendrá más años que el barrio.

Brisa pone el foco en los pescados de lonja, verduras de temporada, arroces bien trabajados y el sabor de la brasa. Foto: Maria Algara Photography.

Protagonismo de arroces y pescados

En la carta hay dos grandes protagonistas: los arroces y los pescados. En nuestro caso, fuimos por la paella marinera, una acertada elección, con el arroz ligeramente socarrat (cuando la parte inferior queda crujiente) con calamar, gambas y zamburiñas. Pero en otras oportunidades se pueden probar las variantes Brisa (con cigalas, pollo y torrezno), el arroz negro con chipirones y sepia, el de carrillera de ternera y setas, la paella de verduras y la fideuá de sepia, almejas y gambas.

A diferencia de otros locales que buscan comida rápida y presencia en redes sociales, Brisa propone alargar la sobremesa en un ambiente relajado y mediterráneo

La presencia del mar también se refleja en el pulpo a la brasa, las cigalas gratinadas, la dorada a la andaluza, los calamares a la plancha o el salmón al miso. Pero si uno es más de carnes, puede pedir el entrecot de vaca, los dados de solomillo con foie o la hamburguesa smash doble con bacon y cebolla caramelizada.

Los arroces son uno de los platos recomendados. Foto: Maria Algara Photography.

Tapeo con cócteles

Brisa es también un sitio que da juego para el tapeo, con una abundante selección de platos donde dialogan el montadito de foie y carpaccio de buey, el sashimi de pez limón, las croquetas (de jamón y pollo, o de gambas al ajillo), el pollo crujiente o los mejillones al carbón, entre otros.
También hay media docena de platos ligeros, ya sea como parte del tapeo o como entrantes, de los cuales elegimos un interesante ceviche de corvina y la mozzarella de búfala trenzada. Y para el cierre, hay helados, tarta de limón o de queso, brownie de chocolate y el original coulant de té matcha y chocolate blanco.

La propuesta de cócteles tiene media docena de creaciones de autor. Foto: Maria Algara Photography.

La carta de vinos navega entre varias DO de España, en su mayoría catalanas, como Penedès, Pla del Bages, Montsant o Priorat, a las que se suman Rueda, Navarra, Bierzo o Rías Baixas. Pero también cabe destacar sus opciones de cócteles, con una docena de clásicos y un puñado de creaciones de autor, de los que probamos el Guana-Colada (ron Bacardi Superior, lima, piña y guanábana) y el Brisa (vodka Grey Goose, Savoia Orancio, zumo de higo chumbo, naranja y sirope de vainilla), dos buenas ideas refrescantes y sin mucha contundencia alcohólica para seguir disfrutando del momento.

Casa Costa

Llegué a Casa Costa (Baluard, 124) hace un par de semanas, en la presentación del Gin MG Brisa. La bebida, de gusto más ligero y fresco, con notas de mandarina, pino, higo y laurel, es producida por una destilería de Vilanova i la Geltrú con 85 años de vida. Acompañada del carrusel de tapas que iban ofreciendo, se revelaba como una recomendada compañía para disfrutar del atardecer desde la primera planta de este restaurante, situado casi donde acaba el triángulo urbano de la Barceloneta.

El restaurante es un recomendado balcón frente al mar. Foto: Casa Costa.

Pero había algo que me resultaba familiar: no era la decoración, de estética marinera pero con aires modernos, sino la ubicación. Y luego caí en la cuenta de que el actual Casa Costa es heredero del Pintxo Platja, al que había acudido hacía casi dos décadas. Pero esto es la punta del iceberg, porque la historia de este restaurante se remonta a antes de la Guerra Civil, cuando Carmen Fresquet y su hija María Costa cocinaban improvisadamente mejillones y otros productos del mar para los bañistas de Barceloneta.

Las raíces de Casa Costa se remontan a antes de la Guerra Civil y se hunden en la historia de los merenderos de Barceloneta

Así nació L’Esport, uno de los primeros merenderos de la Barceloneta, que en la posguerra renació en 1942 como El Deporte. Dos décadas después, en 1962, evolucionó a Casa Costa, y en 1985 se transformó en La Pinxa. Por lo visto, cada 20 años había una renovación, y así sucedió también en 2004, cuando pasó a ser el citado Pintxo Platja. Y tras el cierre que provocó el Covid, Francis Manresa —quinta generación— apostó por resucitar el legado familiar, y junto con sus socios Álvaro Casacuberta y Nacho Sarrió, y como homenaje a la saga, lo renombraron Casa Costa.

Sus platos y bebidas son un homenaje al Mediterráneo. Foto: Casa Costa.

Para tapear o comer frente al mar

Su cocina marinera se puede disfrutar en la amplia terraza bajo las palmeras del paseo marítimo, o en la primera planta que, de hecho, es uno de los mejores balcones gastronómicos de las playas de Barcelona.

Aquí se puede venir para tapear o para comer buenas porciones de pescados y carnes. Su carta no es muy extensa, de modo que se puede ir directo al grano. Entre la docena de platos para picar, tras la lógica bienvenida de un par de gildas, dimos cuenta de unas excelentes croquetas de chuletón y una recomendada cecina con almendras. Mirando al mar, también se pueden probar la bomba de Barceloneta, los calamares a la andaluza, los mejillones encevichados, las almejas en salsa verde o la gamba cristal con huevo frito.

Si la idea ya es comer con más abundancia, vale la pena probar el crudo de pez limón con agua chile, aunque hay que tener cuidado porque el jalapeño verde pica con intensidad. Otras alternativas son la ensalada de bacalao y naranja, el vitello tonnato, el carpaccio de calabacín, el finísimo de atún rojo o la ensalada de tomates.

Tapas y cócteles para disfrutar en la terraza. Foto: Gin MG.

Cocina de mar frente al mar

El rape a la brasa con refrito de ajos fue, al probarlo, un viaje por la historia de este barrio marinero. Delicioso. Otros platos estrella son la lubina o la corvina a la brasa, así como la pesca del día, la que conviene consultar y a la que hay que estar atento, porque seguramente es para compartir.

Si uno prefiere decantarse por las carnes, en Casa Costa se preparan el picantón a la brasa, la escalopa de ternera, y el mar y montaña representado por los pies de cerdo con gamba roja. Y de postre, no se pierdan el flan casero con nata. Una maravilla.

La carta de bebidas cuenta con una veintena de referencias de España, y algunas de Alemania, Hungría y Francia. Pero también hay que tener en cuenta su docena de cócteles de autor, de los cuales probamos el Mediterranean Smash (ginebra MG infusionada con eneldo, albahaca, vino rosado y romero, zumo de limón y bitter mediterráneo), el Mex Penicillin (mezcal, tequila blanco, zumo de lima, jengibre, agave, lima caramelizada) y el Yellowtail (mezcal, zumo de lima, agave, jalapeño verde y pepino); propuestas refrescantes para degustar lentamente mientras el atardecer se convierte en noche.

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