La siderúrgica gallega de Celsa regresó a beneficios en plena reestructuración del grupo

La sociedad que controla la planta de A Laracha y la de Vitoria pasó de unos números rojos de 100 millones en 2020 a un beneficio de un millón el pasado año, aunque mantuvo situación de quiebra técnica con un patrimonio neto negativo

Protesta de los trabajadores de Celsa frente a la sede de Deutsche Bank en A Coruña

Protesta de los trabajadores de Celsa frente a la sede de Deutsche Bank en A Coruña

Mientras Celsa, la gran siderúrgica de la familia Rubiralta, iniciaba una reestructuración interna en mitad de una guerra con los fondos acreedores, su factoría en A Laracha regresó a beneficios tras años encadenando pérdidas. Así lo revelan los datos recientemente depositados ante el Registro Mercantil de Celsa Atlantic, la sociedad que controla las plantas del grupo en Galicia y Vitoria. El citado vehículo finalizó el ejercicio 2021, previo a la guerra en Ucrania, con un beneficio neto de alto más de un millón de euros. Una cifra discreta, pero que contrasta con el negativo de 100 millones firmado en 2020.

El balance de Celsa Atlantic revela que en 2021, la sociedad vio cómo sus activos se incrementaron desde los 387 a los 412,9 millones de euros, mientras que la cifra de negocio se disparó un 59%, hasta los 353,3 millones de euros. Los administradores de la compañía indican que el crecimiento se debió “a la evolución de precios en el sector del acero así como a la recuperación de la economía global tras la pandemia”. El resultado de explotación, el propio de la actividad de la compañía, alcanzó los 20 millones de euros tras el negativo de 90 del año en el que estalló el Covid.

Quiebra técnica

Sin embargo, la sociedad que sostiene la planta de A Laracha –que en en 2004 fue adquirida por los Rubiralta a los empresarios Manuel Añón y Epifanio Campo dentro de un lote con otras factorías por las que se pagaron 415 millones de euros– mantuvo durante el ejercicio 2021 la situación de quiebra técnica que arrastra desde hace años.

A cierre del ejercicio, las pérdidas acumuladas de la sociedad redujeron su patrimonio neto a un valor negativo de 26,8 millones de euros. Los administradores de la forma indican que “de acuerdo con lo establecido en la Ley de Sociedades de Capital, la sociedad se encontrará en situación legal de disolución”. “Sin embargo, para mitigar dicho efecto, el socio único ha prestado apoyo financiero habiendo otorgado un importe acumulado en concepto de créditos participativos de 200 millones de euros”, explican. De hecho, Celsa Atlantic presenta una deuda con empresas del grupo a largo plazo de 370 millones de euros.

Tirón de orejas de los auditores

Como también viene siendo habitual, los auditores de la compañía han presentado salvedades a las cuentas. EY se refiere al proceso que mantiene con sus grandes acreedores con el objetivo de reestructurar la deuda del grupo. “Dado que los términos del acuerdo definitivo son todavía inciertos, a la fecha de este informe, el éxito final de dichas negociaciones supone una incertidumbre material que podría condicionar significativamente la capacidad de la sociedad para poder continuar operando bajo el principio de empresa en funcionamiento, a pesar de que su administrador único confía plenamente en que los citados procesos fructifiquen en un breve espacio de tiempo, motivo por el cual ha formulado las cuentas anuales bajo el mencionado principio de empresa en funcionamiento”, apuntan.

En la actualidad, con un rescate aprobado por la SEPI de 550 millones de euros, Celsa afronta una batalla en los juzgados con sus grandes acreedores, que llegaron a proponer el año pasado reducir la deuda del grupo en casi 1.300 millones a cambio de hacerse con el 100% de la siderúrgica.