El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, en una foto de archivo. EFE/Pedro Puente

Tezanos introduce otro criterio en el CIS a medida de Pedro Sánchez

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El CIS, que pregunta más que nunca por la intención de voto, acumula un año de continuos cambios a la hora de presentar los resultados de esas consultas

Iván Vila

Economía Digital

El presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, en una foto de archivo. EFE/Pedro Puente

Barcelona, 13 de septiembre de 2019 (04:55 CET)

Desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, nombró a finales de junio del año pasado a José Félix Tezanos presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), cada nuevo sondeo del organismo dependiente del Ministerio de la Presidencia ha venido acompañado de polémicas. La última, con el macrosondeo postelectoral efectuado tras los comicios municipales y autonómicos del 28 de mayo, que, por primera vez en este tipo de estudios, incluyó preguntas sobre intención de voto, parámetro que en esta ocasión se presenta solo en forma de porcentaje respecto del total del censo, y no, como es habitual, del voto emitido.

Solo hay una cosa que permanece invariable en las encuestas del CIS de Tezanos: el PSOE siempre gana por goleada. También en esta última, en la que el 29,7% de encuestados dicen que votarían a los socialistas, casi tres veces más que los que manifiestan que optarían por el PP, segunda fuerza con un 11,6% de esa intención de voto respecto del total del censo.

El salto de escala del PSOE en la serie de encuestas del CIS se dio ya en el barómetro de julio de 2018, el primero efectuado bajo el mandato de Tezanos, que pocas semanas antes había renunciado a sus cargos en el partido tras las críticas recibidas por intentar mantenerlos tras su nombramiento. Los socialistas registraron en ese sondeo una subida de ocho puntos: en el de abril, antes de la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy de la Moncloa, eran segunda fuerza, con una estimación de voto del 22%, dos puntos por debajo del PP. En el de julio, rozaban el 30% y obtenían nueve puntos y medio más que los populares.

La estimación de voto es una ponderación que se hace para convertir la intención de voto declarada por los encuestados en un pronóstico electoral. Para ello, se aplican mecanismos para corregir el sesgo que pudiera tener la muestra teniendo en cuenta el recuerdo de voto y otras variables. Esa operación, conocida como “cocina”, cada empresa u organismo demoscópicos la realiza según sus propios parámetros. Y resulta controvertida, claro.

Tezanos se ha mostrado en numerosas ocasiones contrario a esos procedimientos. En marzo, apenas dos meses y medio antes de su nombramiento, y en su condición de especialistas en la materia y de secretario de Estudios y Programas del PSOE, partido en el que ha militado desde 1973, denunció que las encuestas que publican los medios de comunicación “no son sociología, son parasociología” y “una especie de brujería”, según recogió en su momento El País.

Tezanos introduce cambios y más cambios

En esa primera encuesta de julio, puesto ya bajo sospecha, el CIS aseguró que para establecer la estimación de voto había seguido aplicando el mismo modelo que en los anteriores barómetros. Pero, en septiembre, el método cambió.

Por un lado, Tezanos amplió de 2.500 a 3.000 personas la muestra de las encuestas mensuales y recuperó el criterio de preguntar por la intención de voto en todas ellas, algo que se había dejado de hacer en época de José María Aznar, cuando esas preguntas pasaron a efectuarse de forma trimestral. Pero ese incremento desaforado de la la cantidad de consultas en clave prelectoral fue acompañado de una simplificación extrema de la cocina, rebajada a una  operación extremadamente simple: la de atribuir a los encuestados que no habían revelado a quién votarían la intención de hacerlo por el partido por el que hubiesen expresado más simpatía en otra pregunta del cuestionario.

Ese procedimiento tan básico no sirve para corregir, como es norma en las encuestas, el desfase entre el porcentaje de encuestados que dicen haber votado por un partido en las anteriores elecciones y el porcentaje real de votantes que esa misma formación tuvo realmente en los comicios. Es decir, el sesgo de la muestra.  En la mayoría de sondeos de Tezanos ha habido una sobrerrepresentación de votantes socialistas, que en aquel sondeo de septiembre de 2018, sin ir más lejos, superó los seis puntos porcentuales.

Pese a las críticas, provenientes tanto de la oposición como de expertos en estudios electorales como Narciso Michavila, presidente de la consultora Gad3 -el primero que desde el mismo sector cargó abiertamente contra los métodos introducidos-, Tezanos se mantuvo en sus trece. Eso sí, especificando en los barómetros mensuales que el método aplicado no equivale a una estimación de voto como la que siempre ha servido para titular informaciones en los medios a partir de los resultados de las encuestas.

Sin embargo, cuando al CIS le tocó elaborar una encuesta preelectoral sobre las elecciones andaluzas de diciembre, optó por introducir un modelo de cocina para ofrecer, entonces sí, una  proyección electoral, pese a que en octubre había afirmado, entrevistado en El País, que el método en ese caso sería el mismo: voto más simpatía. Aunque el cambio de tercio no le sirvió para evitar el ridículo: el CIS pronosticó que el PSOE obtendría en esos comicios entre 45 y 47 escaños, más del doble que cualquiera del resto de partidos, y a la hora de la verdad, los socialistas se quedaron en 33 y perdieron la Junta.

El CIS volvió a trabajar la estimación de voto en las encuestas elaboradas ad hoc para tantear el pulso preelectoral antes de las generales de abril y las europeas, autonómicas y municipales de mayo, con más fortuna. En los comicios del 28-A, los socialistas, a los que la encuesta daba una horquilla de entre 123 y 138 escaños, consiguieron 128 diputados, y el PP obtuvo 66, lo mínimo que les pronosticaba el CIS, que también acertó con los 12 representantes que los populares obtuvieron el 26-M en el Parlamento Europeo. Se quedó corto, eso sí, con los eurodiputados socialistas: al final, estos consiguieron 20, entre dos y tres más de los pronosticados.

La simpatía desaparece de la ecuación

Pero en los barómetros mensuales no solo se siguió sin aplicar cocina, sino que a partir de diciembre se prescindió incluso del criterio de voto más simpatía. Desde entonces, el CIS se limita a ofrecer un porcentaje de intención de voto respecto de la totalidad de encuestados -lo que equivale a decir sobre el total del censo-  y otro sobre el voto emitido, que es como se computan los resultados electorales. Ahora, sin embargo, en el sondeo difundido este jueves vuelve a cambiar de criterio y solo ofrece el primero de esos porcentajes.

Claro que no es la única novedad. Este es el primer trabajo de este tipo del CIS que incluye preguntas sobre intención de voto. Eso no se hizo ni en el estudio postelectoral de las generales, difundido el 10 de julio, ni tampoco en el elaborado tras las andaluzas. Ni se hacía en la etapa anterior a Tezanos: en 2015, en el postelectoral de las autonómicas en las mismas 13 comunidades que volvieron a ir a elecciones el pasado mes de mayo, tampoco se preguntó a los encuestados a quién votarían en unas generales.

Encuesta previa al primer intento fallido de investidura

De hecho, el único dato que ahora se da, el del porcentaje de potenciales votantes respecto de la totalidad del censo, es muy similar al del último barómetro mensual conocido, el de julio, cuyos resultados se hicieron públicos a final de ese mes. No es para menos, porque las dos encuestas se encabalgaron: el barómetro se elaboró del 1 al 11 de julio, y el estudio postelectoral –con una muestra tres veces mayor, de 9.000 encuestados-, entre el 17 de junio y el 16 de julio.

Es decir, que los datos conocidos este jueves se recogieron hace entre dos y tres meses. Y antes del primer asalto fallido de Sánchez a la investidura. Claro que, puestos a difundir un sondeo con intención de voto en plena y angustiosa recta final por esa investidura que el presidente ahora en funciones parece querer dejar de lado en beneficio de una nueva cita con las urnas, este era el que estaba disponible. Porque el barómetro de septiembre no toca presentarlo hasta final de mes. Al menos, si nos guiamos por la norma seguida hasta ahora (aunque eso, visto lo visto, no es ninguna garantía). Y, teniendo en cuenta que la fecha límite para ver si hay investidura o repetición electoral es el día 23, para entonces la suerte ya estará echada.

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Pedro Sánchez CIS
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