Eterna espera en Navantia: cuatro presidentes para empezar a construir el dique de Ferrol

El sucesor de Navantia al frente de la SEPI recibirá la 'patata caliente' de la inversión en el nuevo dique para Ferrol, que acumula cuatro años aparcada y sin avances

Belén Gualda

Imagen de archivo de Belén Gualda durante su etapa al frente de Navantia

Navantia protagoniza el enésimo cambio de presidente. La empresa pública busca a contrarreloj el reemplazo de Belén Gualda, que ha abandonado su cargo como máxima ejecutiva de Navantia apenas seis meses después de su llegada para tomar las riendas de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI).

La persona que releve a Gualda al frente de Navantia aterrizará en plena crisis en Ferrol, que golpea por dos vías. A la sequía de nuevos contratos hasta que no se inicie la construcción de la primera de las cinco fragatas F-110 se suma la eterna espera por la puesta en marcha del plan de modernización del astillero.

Una inversión de casi 400 millones

Este proyecto fue impulsado durante el mandato del mugardés Esteban García Vilasánchez (entre abril de 2017 y junio de 2018). El ejecutivo gallego (ahora en el naval saudí de la mano de la empresa estatal SAMI) encargó por aquel entonces un estudio a McKinsey para que calculase el impacto que este plan de transformación 4.0 podría tener sobre las instalaciones de la antigua Bazán.

El informe de la consultora cifraba en 395 millones de euros la inversión necesaria para poner en marcha este plan. De esta cantidad, 100 millones irían a parar al taller de sub-bloques que la dirección de Navantia sí tiene en marcha para el astillero ferrolano; 35 millones a la obra civil en los muelles; 35 millones al nuevo edificio de oficinas; y los 225 millones de euros restantes irían destinados a un dique cubierto que los sindicatos ven clave para garantizar la competitividad del astillero.

Ahorro de costes y tiempo

No en vano, el informe encargado a la consultora McKinsey cifraba en un 10% la reducción del coste medio de construcción de buque que llevaría aparejada esta inversión con la que, además, se recortarían un 25% los tiempos de producción. Así, asumiendo la construcción de una fragata tipo F-100 al año y dos buques anfibios LHD cada lustro, la inversión se recuperaría por completo en un plazo aproximado de nueve años, según los cálculos de los sindicatos.

Y es que, de aplicarse a rajatabla este plan que permanece aparcado en el cajón desde hace cuatro años, el astillero de Navantia en Ferrol se anotaría un ahorro de 36 millones de euros en la construcción de cada fragata y de 49 millones en cada buque LHD, dejando un impacto positivo de 49 millones de euros al año en la cuenta de resultados de la empresa pública.

Un plan en ‘stand by’

La Xunta de Galicia (liderada por el Partido Popular) y el propio alcalde de Ferrol, el socialista Ángel Mato, han sumado fuerzas para exigir la construcción del dique en el astillero gallego y han pedido que esta inversión sea sufragada por fondos europeos, una propuesta a la que la hasta ahora presidenta de Navantia no había ofrecido respuesta.

Durante su primera y última visita a los astilleros de la ría de Ferrol, Belén Gualda trasladó a los sindicatos la necesidad de sellar nuevos contratos internacional antes de implementar este plan de modernización, una postura que desde Comisiones Obreras censuraron al entender que el orden de los factores debería ser al revés. “O se transforma el astillero o no se logran contratos internacionales”, aseguró a Economía Digital el secretario general de la sección sindical de Comisiones Obreras en Navantia Ferrol, Miguel Pol, en referencia a la necesidad de poner en marcha un dique seco cubierto con el que, por el contrario, sí cuentan los principales competidores de la empresa pública, que ya han abandonado la construcción en grada.